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Ozal y Papandreu liman diferencias a la sombra del 'espíritu de Davos'

Andreas Papandreu y Turgut Ozal tienen aún por delante mucho tajo. Los discursos que pronunciaron anoche en la cena que el primer ministro griego ofreció a su homólogo turco, su huésped durante tres días en Atenas, reflejaron el abismo que les separa y que ambos confían en superar al abrigo del espíritu de Davos, que abrieron en esa ciudad suiza a finales de enero. Al menos, algo les une: el lenguaje de la esperanza.

ENVIADO ESPECIAL"Nuestros dos países surgieron del imperio otomano. La diferencia estriba en que Grecia se separó antes de la muerte del imperio y Turquía nació de las cenizas de éste". Fuera por malicia o por el ánimo desesperado de encontrar raíces comunes, esta frase de Ozal sentó a cuerno quemado en un país como Grecia que quiere recordar más la época de Pericles y las victorias contra los persas que los cuatro siglos de sometimiento al yugo otomano Los mármoles del Partenon se estremecieron de ira, unos en la colina de la Acrópolis y otros en el Museo Británico de Londres.La visita del jefe del Gobierno turco, primera de este tipo en 36 años, había comenzado al mediodía, entre la cortesía oficial y la hostilidad popular. Un centenar de mujeres chipriotas cortaba el paso a la Acrópolis para exigir la retirada de las tropas de Ankara de la isla de Afrodita, casi en el mismo momento en que Ozal descendía por la escalerilla del avión en el aeropuerto de Helenikon, entre una tropa de altos funcionarios, policías y periodistas. El dirigente se quedó lejos del alcance de las protestas: de las mujeres y de las otras dos, mucho más nutridas que recorrieron por la tarde las calles del centro de Atenas para acabar cerca de la embajada de Ankara, donde fueron dispersados por los policías, después de quemar una bandera turca y de lanzar gritos de "¡muera Ozal!".

Paciencia

Entre tanto, el carismático dirigente socialista griego, Papandreu, y el ultrapragmático conservador turco, Ozal, dialogaban en un complejo turístico de lujo, a orillas del Egeo, protegidos por un espectacular despliegue de seguridad. Antes del primer encuentro negociador, hubo una declaración de Ozal que se resume en seis palabras: "ante todo, tenemos que ser pacientes". Y otra griega, leída a la tribu de informadores, con una frase muy similar: "este camino de no guerra no es ni corto ni sencillo". Una prudencia compartida, y aparentemente forzada por el temor de que la cumbre arroje pocos resultados concretos.Ozal se reservaba para la noche. Sin referirse específicamente a ninguno de los contenciosos pendientes, puso el énfasis en que "a menos que se inicie un proceso de arreglo pacífico, puede haber una escalada peligrosa". Algo a tener muy en cuenta si se recuerda que, hace tan sólo 15 meses, Grecia y Turquía estuvieron al borde de la guerra por una disputa de soberanía en el Egeo. El dirigente de Ankara reconoció que un acercamiento hacia Atenas "afectaría positivamente a la solicitud turca de integración en la Comunidad Europea", pero se apresuró a señalar que no es política de su Gobierno "acceder a la CE a cualquier precio". El mensaje es claro: el eventual chantaje del veto griego es inaceptable.

Donde marcó claramente las diferencias con Papandreu fue en la estrategia del diálogo. Es la vieja historia del huevo y la gallina. Ozal cree que "hay que restaurar la confianza y reducir las tensiones antes de resolver los problemas". Su interlocutor opina justo lo contrario: que la confianza será el fruto de acuerdos concretos. En su discurso, Papandreu insistió en su política de no guerra (eso es Davos para él) y enumeró, casi exhaustivamente, los pasos "nada despreciables" que se han dado desde entonces. Se refirió luego a las cuestiones de soberanía nacional que no son negociables, como el espacio aéreo y las aguas territoriales, y terminó recalando en lo que constituye la piedra de toque de la cumbre: Chipre.

Papandreu necesita algo para no quedarse con las manos vacías, tal vez el anuncio por Ozal de una retirada parcial del contingente militar turco en Chipre, aunque nadie apuesta un dracma o una lira turca por ello. Entre tanto, el primer ministro griego insiste en tratar del tema con Ozal y en presentar la vieja propuesta de la desmilitarización de la isla, que daría paso a una policía mixta bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de junio de 1988