Una gran acción
Nos maravilla la acción del comando en la isla de Ouvea, operación como para reforzar un alma nacional debilitada por exceso de abandonos y perjurios. Además de la liberación de los rehenes, los hechos felices de esta hazaña de nuestras tropas de choque, verdadera carga de brigada ligera que nadie osaba esperar, habrá servido para rebajar los humos de las minorías beligerantes que, desde el Pacífico hasta las Antillas, pasando por Córcega y el País Vasco, pretenden dictar, a golpe de asesinatos, bombas atrevidas y de arrogancia intolerable, su ley a la nación.Esta canaquería universal, tardío frente de liberación perteneciente a la cola del cometa descolonizador, debe recordar que nosotros somos hijos de una nación guerrera cuyos ejércitos, como las aguas fertilizadoras, se han extendido vanas veces por el mundo.
Tenemos un tigre en nuestro motor y los tunantes de comité central y de buró político harían mejor no olvidándolo, dejando de leer el diario Le Monde y zambulléndose en el estudio de nuestra historia militar, en la que abundan las cabalgadas fantásticas y los golpes de teatro particulares, obtenidos con el sable y la bayoneta en el relámpago de un súbito acero.
Hay que dar al comando, a los soldados de choque, con su misión ideológica, su papel en la sociedad francesa, que es de ser un núcleo de energía, una fuerza contenida cuyo vislumbre y vibración desarman.
, 6 de mayo


























































