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La sentencia de divorcio de Lusinchi indigna a la Iglesia venezolana

La jerarquía católica de Venezuela, ha reaccionado con indignación por la forma y la rapidez con que el tribunal de primera instancia aprobó el divorcio del presidente Jaime Lusinchi. La primera dama, Gladys Castillo de Lusinchi, también reaccionó indignada cuando leyó la sentencia del séptimo juzgado civil de Caracas en la que se le atribuye abandono voluntario del hogar e injuria grave", precisamente los motivos alegados por su esposo.Gladys Castillo, que no ha dejado de vivir en la Casona -residencia oficial del presidente- se sorprendió por la premura con que se hizo público el dictamen del divorcio, adelantándose a los plazos fijados legalmente. Respecto al abandono del hogar, dijo: "Si alguien ha cometido abandono e injurias graves, no he sido yo". Los profesionales del derecho también han protes.tado por la manera como el tribunal llevó el caso, pasando por alto el Código de Procedimiento civil.

Pero ha sido la Iglesia quien con mayor dureza ha recibido la sentencia del divorcio presidencial La archidiécesis de Mérida ha hecho pública una nota, firmada por el arzobispo, Miguel Antonio Salas, y el obispo auxiliar, Baltasar Borrás Cardoso, en la que se afirma: "Con constemación y estupor nos hemos enterado por la Prensa de la sentencia de divorcio de la pareja presidencial. ( ... ) El mal ejemplo del primer magistrado nacional ha infligido un duro golpe a la institución familiar en Venezuela".

Los obispos aseguran que se trata del primer escándalo de esta naturaleza en toda la historia de Venezuela, y califican de una burla a la buena fe de los venezolanos el haber hecho aparecer durante la pasada campaña electoral a una pareja unida, mientras que [el presidente Lusinchi] sólo lo hacía, al parecer, por la conveniencia de la coyuntura electoral".

La nota insiste en que "el proceso viola y atropella la normativa legal existente en el país", y añade que "si además fueran ciertos los rumores de un acelerado proceso de divorcio para contraer nuevo matrimonio civil, se añadiría otro elemento doloroso que hiere aún más los sentimientos cristianos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 1988