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Roh Tae Woo enarbola la bandera de la reconciliación y la democracia al asumir la presidencia surcoreana

El nuevo presidente de Corea del Sur, Roh Tae Woo, prometió ayer continuar el proceso democratizador y promover la reconciliación nacional, al jurar como decimotercer jefe de Estado surcoreano, en el primer traspaso pacífico de poderes desde la fundación de la República, en 1948. "Esta nueva República nace orientada hacia la democracia", dijo Roh en su discurso. Agregó que "se han acabado los días en que se toleraban la represión y la tortura" y "aquellos en los que las libertades y los derechos humanos fueron supeditados al crecimiento económico o la seguridad nacional".

Con Roh Tae Woo -líder del oficialista Partido para la Justicia Democrática (PJD), que sucede a Chun Doo Hwan-, los coreanos inician una nueva etapa en la cual el nuevo presidente deberá intentar ganar la confianza del 63% del electorado que, el pasado 16 de diciembre, votó por los candidatos presidenciales de la oposición: Kim Dae Jung y Kim, Young Sain.La ceremonia inaugural, celebrada bajo una fría mañana ante unas 25.000 personas congregadas en la explanada de la Asamblea Nacional, revistió un tono muy protocolario. A pesar de que Roh Tae Woo promete que la sexta República inaugurada ayer iniciará la era de la gente corriente, los 25.000 asistentes parecían debidamente seleccionados por el PJD, en el poder en Corea del Sur.

Todos los presentes llegaron en autobuses y, antes de instalarse en la explanada, debieron pasar un control de detector de metales. Roh Tae Woo juró su cargo desde una tribuna, pronunciando un discurso aperturista que no llegó a despertar aplausos del público.

Entre los dignatarios extranjeros, destacó la presencia del primer ministro de Japón, Noboru Takeshita; del secretario del Tesoro estadounidense, James Baker y del ex presidente de la República Federal de Alemania, Walter Scheel. España, que fue representada por el embajador en Corea del Sur, Fermín Prieto Castro, fue el único país entre los grandes de la Comunidad Europea que no envió a ningún representante desde Madrid.

"Nuestro objetivo es la reconciliación nacional", afirmó Roh Tae Woo, hablando al lado del presidente saliente, Chun Doo Hwan, que llegó al poder, mediante un golpe militar, a primeros de 1980. Una reconciliación que, para muchos surcoreanos, pasa por una aclaración acerca de los trágicos sucesos ocurridos en mayo de 1980 en la ciudad de Kwangju, cuando el Ejército reprimió las protestas populares contra el golpe militar del general Chun Doo Hwan con un saldo de más de 200 víctimas, según los datos oficiales, o más de 2.000, según otros testigos. Una comisión gubernamental, creada ya bajo el patrocinio del nuevo presidente, concluyó recientemente que el Gobierno debe pedir excusas y pagar compensaciones monetarias a los familiares de las víctimas de Kwangju.

Invitación a Corea del Norte

En el plano internacional, Roh Tae Woo destacó la próxima celebración en Seúl de los Juegos Olímpicos de Verano, e invitó a Corea del Norte a que participe en los mismos. "Quiero reafirmar que la puerta del diálogo sigue abierta", comentó Roli, en relación con Corea del Norte.Ambas naciones están divididas desde el término de la guerra de Corea, en junio de 1953, por una zona desmilitarizada en el paralelo 38 fianqueada en ambos bandos por una fuerte acumulación de material bélico -soviético y chino, en el Norte, y surcoreano y estadounidense, en el Sur- que la ha convertido en uno de los "polvorines más peligrosos del mundo", según los expertos militares.

La división de las dos Coreas no impidió que Roh Tae Woo iniciara ayer su discurso de investidura con un significado saludo a "mis 60 millones de compatriotas", en los que incluía la población de las dos naciones de la península.

Roh Tae Woo, ex general del Ejército, miembro de la misma promoción y amigo personal del presidente y ex general saliente, Chun Doo Hwan, se caracteriza por ser un hombre más pragmático y abierto que su predecesor. Sin embargo, la mayoría de analistas califican su nuevo mandato de transitorio, al estar apoyado tan sólo en poco más del 36% de los votos emitidos el pasado 16 de diciembre.

El camino puede ser largo para este líder que promete ser el de la transición surcoreana y que anuncia una próxima amnistía política, libertad de Prensa, reforma regional y respeto de los derechos humanos en Corea del Sur.

Unas promesas aún lejos de ser cumplidas, lo que origina la desconfianza de la oposición y de los sectores estudiantiles, que ayer continuaron manifestándose en Seúl contra lo que califican de una "continuidad del régimen político entre militares".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de febrero de 1988

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