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Editorial:

La rehabilitación de Bujarin

LA DECISIÓN del Tribunal Supremo de la URSS de rehabilitar a Bujarin y a otros dirigentes bolcheviques condenados a muerte en 1938 como traidores y es pías, no hace sino confirmar, con enorme retraso, la convicción generalizada, dentro y fuera, de que los procesos que desembocaron en esas condenas -lo mismo que los de 1936 y 1937, en los que se condenó a muerte otros jefes de la Revolución como Zinoviev, Kanienev, Radek, etcétera- fueron unos montajes monstruosos de Stalin para aplastar a los sectores del partido que no se sometían a su dictadura implacable. Stalin utilizó esos procesos para entronizar la teoría según la cual todo discrepante es un traidor en potencia. Teoría con la que justificó el poder absoluto del secretario general en el partido y en el Estado.Entre las víctimas de esos procesos, Bujarin había merecido especial atención de la opinión intemacional por la relevancia de su figura intelectual. En Rusia había sido considerado como "el preferido del partido", según la expresión empleada por Lenin en su Testamento. Por otro lado, Bujarin había dejado un mensaje a la posteridad, confiado a la memoria de su mujer, que ésta logró dar a conocer en ciertos círculos y que últimamente fue publicado en una revista soviética. La rehabilitación de Bujarin se había convertido en una prueba de la disposición de Gorbachov a aceptar que la historia de la URSS sea conocida en su realidad, por trágica que ésta sea.

Estas rehabilitaciones indican que la glasnost se consolida y que fuertes resistencias han sido vencidas en la cumbre soviética. Hasta ahora, todos los esfuerzos por borrar las condenas contra Bujarin habían fracasado. Es un paso importante, sobre todo, por lo que anuncia: las rehabilitaciones tendrán que extenderse a otros casos. Al mismo tiempo, algunos textos de Bujarin han sido publicados recientemente en revistas soviéticas, hecho tan importante o más que la anulación legal de su condena, porque indica que su pensamiento empieza a ser conocido y valórado. Hay una relación lógica entre la fase actual de la perestroika y la decisión judicial sobre Bujarin. Si la trayectoria de éste fue compleja, con una actitud de izquierda en los primeros años de la revolución, su recuerdo se asocia sobre todo con la nueva política económica (NEP), política de respeto al campesinado y de apertura de espacios al mercado y a las empresas privadas. Gorbachov ha proclamado que en la perestroika hay elementos de la NEP de los años veinte. Con Bujarin rehabilitado, recupera validez la corriente teórica y política que, dentro del PCUS, propugnó ya en los años veinte un tipo de socialismo compatible con el mercado y con el estímulo de la iniciativa individual.

En el clima actual de la URSS, el debate sobre el pasado se entremezcla inevitablemente con la discusión sobre las tareas del presente. Lo mismo ocurre, en condiciones muy dispares según los casos, en los otros países del bloque soviético. Después de la rehabilitación de Bujarin será mucho más difícil frenar la tendencia que ya existe entre los científicos de las ciencias sociales, y entre los jóvenes en general, a estudiar la historia en sus fuentes reales. A conocer los textos de Bujarin y de otros dirigentes. Entre éstos -y aunque la resistencia en este caso es, sin duda, muy fuerte- los de Trotski. En una palabra, la demanda social se orienta no hacia una nueva historia oficial, mejor que las anteriores, sino hacia debates libres, con textos auténticos y opiniones dispares, sobre los principales aspectos de la historia soviética. La actitud de Gorbachov en este tema refleja presiones contradictorias: deseo de apertura por un lado, temor de que surjan divisiones entre sus propios partidarios y que ello le debilite frente a la oposición de los conservadores, de otro. Pero hasta ahora la corriente aperturista, sin duda con paso cauteloso, parece imponerse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de febrero de 1988