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Cartas al director

Militante de base

Si esta carta fuera una tribuna libre, yo la titularía Perplejidades y demandas de un militante socialista, o algo así. Ciertamente, no son muchos los cauces de expresión -ni dentro ni fuera del partido socialista- donde un militante de base pueda expresar con libertad sus opiniones políticas. Y la proximidad del congreso del PSOE es como un acicate o imperativo de decir algo -yo al menos lo siento así- que pretende ser sensato y constructivo para todos, militantes socialistas y ciudadanos en general.Es tan complejo el asunto, son tantas las cosas que pueden y deben decirse sobre la marcha de nuestro partido y su conexión con la sociedad, que difícilmente caben -en cantidad y calidad dentro de una carta como ésta. Me contentaré con formular algunas reflexiones que me parecen simples y fundamentales. Me preocupan básicamente cuatro carencias de nuestro partido: su escasa democracia interna, la falta de un debate ideológico serio en su seno, el debilitamiento de su dimensión moral y utópica y su desconexión con el tejido social.

La escasa democracia interna del PSOE es, a mi juicio, una de las causas del desánimo y de la caída de una militancia real, asícomo un factor negativo en la consecución de una democracia social plena, que alcance a los derechos socioeconómicos del pueblo. ¿Cuáles son los márgenes de disentimiento y de crítica, cuáles los correctivos para el abuso de autoridad o el clientelismo dentro del PSOE? ¿Cómo se ha utilizado la democracia formal alcanzada en nuestro país a favor de una mayor justicia social, dicho esto sin énfasis demagógico alguno, sino con una pretensión seria de rigor intelectual y de lucidez histórica?

El desafío es arduo, ya que no resulta fácil consolidar una democracia en las condiciones de un capitalismo como el nuestro. Pero el riesgo de no responder adecuadamente a tal desafío es también grave.

La democracia interna es impensable sin un debate ideológico consistente y estable, otra de las preocupantes carencias de nuestro partido. Los recientes intentos y atisbos en esta línea no poseen, a mi juicio, la suficiente garantía de veracidad: propiciados por decreto desde la dirección de¡ partido, tienen cierto color oportunista y precongresual, improvisado y efectista, un tono oficialista que desvirtúa su necesario pluralismo.

Todo proyecto democrático y socialista resulta asimismo inviable sin cierta dosis de utopía, que contiene a su vez clara dimensión ética. Una y otra se desvanecen cada vez más en el horizonte de nuestro socialismo, al menos en el socialismo del PSOE. ¿Son, por ejemplo, la honestidad personal y la solidaridad efectiva valores realmente en alza más allá de las declaraciones programáticas? La mejor tradición socialista posee unas fuertes raíces utópicas y morales a las que no se puede descalificar tachándose de ingenuas e invocando las exigencias del realismo social.

El conjunto de estos factores, entre otros, hace que el partido socialista viva cierta desconexión o lejanía de las fuerzas sociales. Una sana estrategia política debe incluir la inserción en el tejido social y sus demandas más profundas, cuyo exponente y cauce suelen ser los movimientos sociales y sus representantes más cualificados. ¿Es realmente el PSOE portavoz de los intereses mayoritarios de la población? La clave está en saber articular esos intereses, dándoles forma y estructura política, sin reducirse a capitalizar o suplantar el dinamismo social que esos mismos intereses generan. La acción institucional y la social requieren una correlación y un apoyo mutuo. Cualquier merma de la representatividad popular constituye un peligroso vaciamiento del proyecto socialista.

Estas reflexiones -insuficientes y fragmentarias- pretenden aportar algo en la proximidad del congreso socialista y contribuir en cierta medida a que perplejidades, preocupaciones y demandas como éstas -ampliamente compartidas por muchos militantes- no se conviertan en causas de frustración y de inactividad irreversibles.-

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