Crítica:MÚSICA CLÁSICACrítica
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David Wehr, un maestro del piano

El pianista David Wehr (Estados Unidos, 1957), formado en su país con los profesores Erwin, Zolas y Sequeira, que obtuvo el gran premio en el concurso internacional Paloma O'Shea, de Santander, se ha presentado al público barcelonés con un recital organizado a modo de clausura de la exposición Rubinstein y España celebrada en el Centro Cultural de la Caixa.El programa, bello y exigente, incluía obras de diverso significado técnico y estético. Las Escenas del bosque, de Schumann, sonaron íntimas, preciosistas y un poco distanciadas; la sonata Opus 26 del norteamericano Samuel Barber provocó una explosión de entusiasmo en la sala: ahí estaba pujante y desentrañador algo más que un gran virtuoso, un maestro fuertemente aleccionador.

La sonata en do mayor de Haydn quedó planteada en sus dos dimensiones: la vienesa y decorativa y la dramática casi beethoveniana. Y Liszt, con El valle de Obermann, El lago de Walenstadt y la sexta rapsodia, apareció como el compositor que realmente es: un genio creador capaz de someter el alto virtuosismo a la pura idea musical. Las largas ovaciones se renovaron después de las dos propinas otorgadas: un Chopin sereno y nocturnal, bien cantado y sostenido, y El puerto de Albéniz, justamente acentuado, evocador y colorista. Wehr con este recital y los ofrecidos en Málaga y Toledo inicia estos días la larguísima turné que constituye, acaso, el máximo premio del concurso Paloma O'Shea.

Juego nítido

El juego del pianista americano es claro, nítido, ágil; su capacidad dinámica establece y mantiene planos diversos, prácticamente perfectos. En conjunto, David Wehr convierte en riguroso hecho artístico todas y cada una de sus interpretaciones, en las que se advierten huellas de uno de sus maestros en Kansas, el portugués Siqueira Costa y puntos de vista no lejanos a los del un día polémico y hoy indiscutido Gleen Gould.A sus 30 años, Wehr es ya un consumado maestro del piano, que en lo técnico ha resuelto todos los problemas y en lo conceptual luce criterios propios y modernos nada dados a concesiones virtuosistas deslumbrantes o a excesos sentimentales. En sus próximos recitales, Wehr incluirá algunas de las obras más destacadas del recientemente desaparecido Federico Mompou, cuya canción y danza número 6, dedicada a Rubinstein, ya presentó a las pruebas del concurso santanderino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 31 de octubre de 1987.

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