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EL TONO VITAL DE ESPAÑA

La batalla de las aulas

Encontrar silla en clase es uno de los mayores problemas de los nuevos alumnos de la Complutense

La opinión de los españoles sobre el estado de las escuelas y el coste de la educación en el país no es particularmente positiva, aunque uno de cada tres piensa que la enseñanza es buena, pero peor que en el resto de Europa. Estos datos se desprenden del sondeo que el Instituto Demoscopia realiza para EL PAÍS trimestralmente, coincidiendo con el comienzo de cada estación. El viernes se publicaron datos referidos a la opinión sobre la economía, la política y el consumo de drogas. Hoy, además del tema reseñado, se aborda la opinión de la ciudadanía sobre su situación laboral, en el orden sociolaboral. Sólo entre los parados no es mayoritaria la situación de satisfacción.

"Esto no es nada", explica una alumna recién matriculada; "hoy nos hemos podido sentar todos porque nos han cambiado de aula, pero hasta ayer había gente en el suelo, sentada en los huecos de las ventanas, incluso atendiendo a clase desde el pasillo". Esto es la estampa abrumadora del aula 532 de la facultad de Ciencias de la Información en la universidad Complutense, donde dos centenares de alumnos apiñados acaban de asistir a una de las clases del primer curso de periodismo.A esta imagen de abigarramiento, común a muchas otras facultades de esta universidad, una de las más masificadas de Europa -las previsiones de matrículas apuntan a los 135.000 alumnos para el presente curso-, se asocia una cotidiana batalla por encontrar una silla libre en clase.

Matriculados en Físicas, o en la facultad de Económicas, o en Derecho, han asistido al mismo espectáculo estos días, reconfortados, eso sí, por el consejo de los más veteranos de que "en un par de meses la gente empieza a cansarse y a faltar a clase".

Pero las previsiones -los datos concretos de matriculados en cada facultad no se tendrán listos hasta noviembre-, que cifran en 135.000 los alumnos que estudiarán el presente curso en la Complutense de Madrid, no dan pie a demasiado optimismo.

"Es impresionante que en una clase práctica como es la de redacción me encuentre con dos centenares largos de alumnos", comenta un profesor de primer curso de periodismo. "La sensación de agobio que produce sentarse dentrás de la mesa, intentar abordar un tema y ver que las puertas del aula no se pueden cerrar es tremenda. Sería admisible para una lección magistral, pero lo mío es una clase práctica".

Algo parecido opina el veterano profesor Enrique de Aguinaga, secretario de la misma facultad, que imparte clases de redacción en tercer curso. "Es absurdo pretender una universidad democrática, y no lo digo yo, lo dice nuestro propio rector, Gustavo Villapalos. Lo de menos es si hay sillas suficientes para todos los culos, el problema es que hay demasiados estudiantes. No se puede establecer la necesaria comunicación entre alumno-profesor".

Otros, más resignados, o simplemente más habituados, como el profesor de Derecho Natural Jesús Lima, de la facultad de Derecho, encuentra como siempre su clase: "Tengo aproximadamente los mismos alumnos que el curso pasado, y la verdad, todos tienen sillas, y podemos cerrar las puertas del aula". Lo mismo opina otra compañera en las tareas docentes de primero de derecho, pero en los nutridos corrillos del vestíbulo, en las interminables colas para recoger carnés, matricularse o llamar por teléfono, los alumnos se quejan. "Si queréis una buena foto, de verdad, con gente escuchando desde los pasillos, y sentada por los suelos, venid por la tarde a uno de los grupos de tercero. Eso sí que es increíble".

"Y eso que todavía no se ha incorporado todo el mundo", apunta otro estudiante de imagen, "todavía se está matriculando la gente de primero, porque todavía se están distribuyendo los alumnos admitidos por las facultades donde hay sitio. Pero no sé lo que será cuando vengan todos". Mientras la Generalitat de Cataluña evalúa en unos 10.000 el número de alumnos pendientes de que se les asigne una plaza en cualquier facultad de Cataluña, los datos relativos a la Comunidad de Madrid no se conocen aún.

En la antesala del decanato de la facultad de Ciencias de la Información, una veintena de alumnos de primer curso de imagen espera a que alguna autoridad académica reciba al grupo. La lista de agravios parece larga. "No es sólo que haya tortas para encontrar una silla, es que además tenemos lío con los horarios", explican.

"El otro día nos coincidían a la misma hora la clase de historia y la de estética. Pero lo más grave es que los viernes, que teníamos prácticas, en principio, resulta que nos han dividido en dos subgrupos, y unos sí tienen prácticas y otros no", añaden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de octubre de 1987