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El concurso de piano Paloma O'Shea, en la recta final

Tres de los seis finalistas del IX Concurso Internacional de Piano Paloma O'Shea actuaron anoche en la plaza Porticada de Santander, con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Jesús López Cobos. El austriaco Mathias Fletzberger, de 22 años; el soviético Pavel Nersesjan, de 23, y el chino Xiang-Dong Kong, de 18, intentaron impresionar con su estilo pianístico a un jurado que hoy escuchará a los restantes y que, ya entrada la noche, emitirá su veredicto.

Los pianistas que actuarán hoy son el alemán occidental Bernd F. Glemser, de 25 años; el soviético Sergei Yerokhin, de 26, y el norteamericano David Wallen Wehr, de 30. Todos ellos se encontraban, desde que pasaron a la final, no demasiado nerviosos, pues en sus currículos figuran otros concursos internacionales en los que han competido. Los que actuaron anoche ensayaron por la mañana con López Cobos y la orquesta, y hoy lo harán los demás. Dos de los concursantes, Fletzberger y Glemser, han elegido para la final el Concierto número 2 de Bramhs; Wher y Kong, el Concierto número 1 del mismo compositor; tanto éstas obras como las elegidas por los otros dos concursantes -Nersesiam, el Concierto en sol de Ravel, y Yerokhin, el Concierto número 1 de Liszt- combinan la riqueza técnica con la posibilidad expresiva.Entre las horas de ensayo los soviéticos han podido perder algún rato bebiendo Coca-Cola o conociendo la noche de Santander. "La mentalidad española me resulta extraña, pero me encuentro muy a gusto", dice Yerokhin, uno de los favoritos, quien no había viajado antes a Occidente. Él y Pavel Nersesjan son candidatos oficiales de su país y han venido acompañados de una intérprete también oficial.

La mirada del maestro

Con el chino Xian-Dong Kong, además del traductor, ha viajado su maestro. Ensayos larguísimos marcan su estancia, y los que han visto el proceso de su llegada a la final han asistido a la siguiente escena: salir Kong, sonriente, de alguna prueba, presentarse a su maestro y recibir de él o un fuerte abrazo o unas frases ininteligibles, ante las que el joven bajaba la cabeza. Además de como músico, ha demostrado su pericia como jugador de las máquinas matamarcianos. En el hotel en el que se han alojado los intérpretes, con pianos en sus cuartos, antes de llegar a la recepción podían oírse desde la calle piezas musicales, alguna obra de Brahms o de Liszt. También cosas un poco más modernas: varios de los que no pasaron a la final organizaron una fiesta de despedida en una de las habitaciones, y no se despidieron con lamentos de Schumann, sino con canciones de los Beatles y los Rolling Stones. Qué modernos, los clásicos.El norteamericano David WaHen Wher no es la primera vez que participa en el concurso: a sus 30 años, hace ya 10 que lo intentó, y vuelve con una buena dosis de madurez a las espaldas. Para otro norteamericano, Harold C. Schomberg, miembro del jurado y uno de los críticos musicales de The New York Times, cualquier concurso demuestra su nivel dependiendo del de los concursantes. "Con tal de que haya al menos seis grandes pianistas, y aquí los ha habido, la función de un concurso se ve cumplida".

Tras el concierto de hoy, segundo de la prueba final, y después de que el jurado haya anunciado los cinco primeros premios y otros especiales, éstos serán entregados mañana en el paraninfo de Las Llamas, durante una sesión con interpretaciones de los ganadores. El primero, posiblemente sonreirá de satisfacción, y los demás quizá toquen al piano el Let it be.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 1987