Cotilleos
Soy una venezolana, residente en España desde 1979, y siempre me ha llamado la atención que su periódico, abundante en noticias sobre Sur y Centroamérica, no estuviera interesado en publicar noticias de países de América Latina con otros sistemas de gobierno diferentes a las lamentables dictaduras que han azotado a nuestro continente; me refiero concretamente a Venezuela. Y, de pronto, en el espacio de una semana, aparecen tres artículos sobre mi país. Fui pasando de la extrañeza a la perplejidad cuando leí el publicado en fecha 18 dePasa a la página siguiente
Viene de la página anterior
julio del año en curso, artículo que considero indignante. En primer lugar, es un insulto no a la persona, sino a la función que representa el presidente de un país amigo, que ha sido elegido por el pueblo. Y en segundo lugar, no está a la altura del diario que usted dirige. Pensé, mientras lo leía, que se trataba de un artículo publicado en una revista del corazón, tan dedicadas a escudriñar en la vida íntima de algunas personas, y no de un periódico serio como EL PAÍS.
No sé si esta carta será publicada, pero hay algo que no me permite ser ingenua ante esta situación: que Venezuela sea ahora digna de entrar en la Prensa internacional porque ahora sí hay noticias, y las malas noticias venden; que ahora Venezuela comparte con toda América Latina la miseria, el endeudamiento, la inestabilidad. (Son cosas que nos duelen, pero no nos avergüenzan; además, siempre han estado ahí, siempre hemos estado ahí, formando parte de ese continente tan variado y a la vez tan parecido. Pero es una lástima que sólo por estas razones los países de América latina logramos interesar a los países ricos y desarrollados.) Todo esto no es que lo entienda demasiado, pero me atribuyo la responsabilidad por no tener una mentalidad europea; lo que me parece intolerable es que se dedique una página entera a cotilleos sobre la vida sentimental del presidente de Venezuela, y es por lo menos frustrante para quien busque en su periódico otro tipo de noticias. Aun las noticias sobre la miseria, endeudamiento, dictaduras y demás horrores entran dentro de la información que uno está cada vez más acostumbrado a recibir, pero este inmiscuirse en la vida privada de cualquiera me parece absolutamente fuera de lugar. Me pregunto a quién puede interesar este artículo, y, a menos que su periódico haya cambiado de lectores, no logro contestarme.- Psicóloga.
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