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REPORTAJE

Venecia, SA

Una gran máquina de hacer dinero

Las televisiones norteamericanas han convertido a Venecia en un gran plató, y los venecianos, que no en vano fueron un imperio mercantil que duró 1.000 años, rentabilizan la cumbre de los siete grandes de Occidente como un gran negocio. Los hoteles han duplicado los precios y los menús de los restaurantes tienen todavía la tinta fresca de los descarados reajustes de precios. No en vano, Shakespeare basó en esta ciudad su Mercader de Venecia.

ENVIADO ESPECIAL, Los gondoleros protestan porque las medidas de seguridad les impiden la libertad de movimientos por los canales y la laguna. Aunque calculan que perderán 150.000 dólares (unos 19 millones de pesetas), que ya han solicitado que les devuelva el Ayuntamiento, tampoco han querido dejar pasar esta oportunidad. Por menos de 50 dólares, si se encuentra una, las lanchas rápidas-taxi (motoscafi) no bajan la bandera. Y esta ciudad, que tuvo el título de serenísima, ha pasado a ser Venecia, SA, superando en coste de la vida, en términos reales, a Nueva York."Por este precio" (375 dólares la habitación), se ha quejado una periodista norteamericana alojada en el hotel Excelsior, "Marcello Mastroiani debería pasarse al menos una vez cada noche por mi cuarto".

Ocho mil soldados y policías, apoyados por los servicios secretos de Estados Unidos y los gorilas de los líderes, han convertido a la pequeña isla de San Giorgio, donde se celebran las reuniones de la cumbre, en un bunker.

Perros policías olisquean a los 2.500 periodistas, únicos humanos permitidos en el islote en el que estarán a pocos metros de los jefes de Estado y de Gobierno pero nunca los verán en directo. Para eso está la casa Olivetti, con 250 técnicos, una de las principales responsables del renacimiento económico italiano, que ha instalado un avanzado sistema de ordenadores, satélites y transmisión de textos por láser para que los grandes se comuniquen entre sí y con la Prensa.

La fragata lanzamisiles Lupo, gloria de la Marina italiana, está fondeada frente a San Giorgio. Los dirigentes occidentales llegarán a la isla en lanchas rápidas, formando caravanas náuticas. También, en la documentación oficial entregada a los corresponsales en la Casa Blanca, han creado la nueva figura constitucional de monarquía sacerdotal, para definir al Vaticano.

La militarización de Venecia es prácticamente total, incluso submarina, con los hombres rana paseándose por los sucios fondos de la laguna. Los carabineros, que apuntan inquietantemente con sus subfusiles y están protegidos por chalecos antibala, no registraban con gran meticulosidad, sin embargo, el domingo, los bultos de los viajeros que llegaban a Venecia por tren. El aeropuerto está cerrado al tráfico comercial por una semana.

Ángel y el hombre malo

Misiles Stinger tierra-aire protegen el sueño de Reagan en el hotel Cipriani. El presidente se ha preparado para la cumbre viendo una película, coloreada, de John Wayne Angel and the badman, que prefiere a seguir por la televisión norteamericana, por satélite, las audiencias del escándalo Irangate.Dice la Prensa italiana que el líder del mundo libre está apreciando, tras las cenas, una copita del licor local Amaretto de Sarogno. Tiradores de elite, encaramados en las gárgolas y tejados de los palacios con siglos de historia, apuntan a vista de pájaro. Los helicópteros de la Aeronáutica, italiana, como un enjambre de abejas, aturden el cielo veneciano. Y en tierra los policías hablan por sus walkie-talkies "Rambo llama a Fox Trot".

La policía veneciana ha ofrecido a los norteamericanos un curso acelerado de navegación por los canales, por donde los italianos conducen con la misma audacia y precisión que los taxistas neoyorquinos. Se trata de impedir que ocurra como en la cumbre veneciana de 1980, cuando Jimmy Carter estuvo a punto de caerse por la borda debido a una inexperta maniobra de su timonel.

La caravana marítima de Reagan consistía ayer en dos barcazas de 10 metros de eslora, totalmente cerradas, escoltadas por dos barcos rápidos de la Marina estadounidense, ocho lanchas neumáticas cargadas con hombres rana y una decena de botes de la policía italiana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de junio de 1987