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DOS DIMISIONES PRECIPITADAS

El Gobierno niega que los ceses de Feo y Eduardo Serra anticipen una crisis

Julio Feo, el hombre de confianza del presidente del Gobierno, se ha tomado unas vacaciones sin aguardar a que el Boletín Oficial del Estado publique su cese como secretario general de la Presidencia. Eduardo Serra, el otro alto cargo que ha anunciado su dimisión, prepara en su despacho las últimas gestiones Dara el Gobierno como secretario de Estado de Defensa. Ninguno de los dos esperó al resultado de las elecciones para hacer públicas sus respectivas renuncias, que se han producido después de haber desempeñado los mismos cargos durante cinco y seis años, respectivamente. El Equipo de Investigación de EL PAÍS ha recabado información sobre las claves de ambos ceses.

Julio Feo y Eduardo Serra, dos hombres claves al servicio del Gobierno socialista, abandonan sus puestos tras haberse convencido de que sin una vinculación mas estrecha con el PSOE tienen escasas perspectivas de promoción en sus respectivas carreras públicas. El Gobierno, que considera "fácilmente sustituibles" a uno y otro, niega que ambas dimisiones impliquen una crisis política o sean el prólogo de un próximo cambio de Gobierno. Mientras tanto, los dos protagonistas alegan cansancio y aburrimiento como razones esenciales de sus respectivas renuncias.

Amigos íntimos y colaboradores de Julio Feo y Eduardo Serra, así como algún miembro del Gobierno y los propios interesados, aseguran que las razones hay que buscarlas además en la nostalgia de la libertad personal, el anonimato y el mayor dinero que puede producirles el ejercicio de la actividad privada, y en una cierta frustración de no ver factible a corto plazo una mayor relevancia en su vida pública.La carrera política de los dos altos cargos ha estado sustentada casi exclusivamente en el apoyo y la confianza que les han brindado sus jefes directos. Julio Feo, en concreto, carece de cargos orgánicos en el partido y no pertenece a ninguna de las familias socialistas: guerristas, leguinistas, ugetistas, etcétera. Su influencia en el PSOE ha estado ligada en los últimos 10 años a la persona de Felipe González, primero en su etapa de jefe de la oposición y después como presidente del Gobierno.

Refugio electoral

Felipe González, que incluso se refugió en casa de Feo durante la crucial jornada de las elecciones de 1982 -huyendo de los periodistas-, le designó como titular de su secretaría en el primer Gobierno socialista. Feo se convirtió así en el hombre de absoluta confianza de González. Durante años gobernó su agenda, preparó sus viajes y realizó misiones de especial delicadeza encomendadas directamente por el presidente.Ha sido un personaje clave para tener acceso al jefe del Gobierno, con el que despachaba habitualmente, influencia que contrasta con la de algunos ministros, que sólo ven al presidente en las reuniones semanales del Gobierno y en algún acto oficial.

Sin afiliación al PSOE

El caso de Eduardo Serra, un abogado del Estado que llegó al Ministerio de Defensa de la mano del ministro centrista Alberto Oliart en el Gobierno de UCD y que ha sido mantenido por el Gobierno socialista, tiene ciertas similitudes con el de Julio Feo. Sostenido por Narcís Serra -un ministro con gran peso específico en el Gobierno, Eduardo Serra ha podido desempeñar la secretaría de Estado de Defensa sin estar afiliado al PSOE.La falta de respaldos dentro del partido explica que algunos sectores del PSOE se apresuren a quitar hierro a estos ceses: "Su marcha, políticamente hablando, no tiene importancia", según un alto cargo de Moncloa, que añade: "Esto no es una crisis". Significados guerristas no pueden ocultar cierta satisfacción por su marcha: "A enemigo que huye, puente de plata", afirma uno de los asesores de Alfonso Guerra.

Escasa relevancia

Estas mismas personas niegan que Feo haya desempeñado un papel capital en las campañas electorales del PSOE: "En 1977 sí trabajó bastante; desde entonces ha figurado junto al presidente y ha coordinado algunos de sus actos; pero de ahí a que él sea el artífice de los éxitos electorales del partido media un abismo".Un ministro del actual Gabinete resalta, por su parte, la escasa trascendencia política del relevo de Eduardo Serra. "Las competencias de la Secretaría de Estado de Defensa son esencialeninte técnicas: discusiones sobre armamento, equipamiento de los ejércitos, etcétera. Las decisiones políticas, incluso en el ámbito de ese ministerio, están mucho más en manos del ministro o del subsecretario".

El cese del secretario de Estado de Defensa, según estas fuentes, tardará varias semanas en hacerse efectivo. "Desde luego, no antes de la reunión del Grupo Independiente Europeo de Programas (programas industriales de armamento de la OTAN) que se celebrará a finales del mes de junio en Sevilla y que estará presidido por el propio Eduardo Serra".

También a finales de junio aparecerá en el Boletín Oficial del Estado el cese de Julio Feo, que, sin embargo, ya ha dejado el despacho. "Creo que es una buena muestra de que estos relevos se producen de forma amigable y a petición de los cesantes", añade el ministro, sumamente interesado en descartar cualquier crisis del Gabinete.

Personas muy ligadas a Julio Feo afirman que éste estaba harto de aguantar horas y horas en su despacho, sin un cometido específico, como si fuera un bombero de guardia a la espera de un incendio.

Además, añaden estas fuentes, "Julio no ha tenido poder, sino influencia, que no es lo mismo". "Un consejero de una autonomía, que es un cargo mucho menos relevante que el de Julio y que dificilmente llega a despachar con Felipe González, tiene una labor concreta y puede hacer y deshacer con mucha libertad sobre los presupuestos o competencias de su cargo. Tiene poder. Julio, por el contrario, tenía que contar con la voluntad del presidente para cualquier actuación importante".

Las misiones delicadas que le encomendó Felipe González (intermediación entre la guerrilla colombiana y el presidente Belisario Betancur; búsqueda de países que acojan a etarras expulsados de Francia, o preparación del establecimiento de relaciones con Israel) han sido momentos estelares para Julio Feo, pero no han constituido una labor lo suficientemente continuada como para disipar su sensación de rutina y aburrimiento.

Esas grandes operaciones ya no justificarían, según distintas fuentes, el interés de Feo por seguir al lado de un presidente que confía cada vez más en otras personas: Javier Solana (para las relaciones políticas y sociales), Juan Antonio Yáñez (para las relaciones exteriores), Ana Navarro (para la secretaría presidencial) y los asesores de Guerra, para los asuntos cotidianos. En palabras de un amigo de Feo, éste ha podido sentirse como "una esposa desatendida".

Búsqueda del tiempo perdido

Julio Feo también se ha dado cuenta de que tiene 50 años, explica un compañero de las partidas de mus del secretario general de Presidencia; se siente todavía con muchas energías, y no quiere que se le escape la vida sin hacer un montón de cosas. Quiere retornar plenamente a una vida privada y profesional que en los últimos años ha estado postergada.Estos planteamientos son también aplicables a Eduardo Serra, aunque es algo más joven que Julio Feo. El secretario de Estado de Defensa tiene muy claro que sin carné de un partido, y no está dispuesto a afiliarse a ninguno, no va a llegar nunca más alto de su actual cargo.

El posible desencanto de Julio Feo porque el presidente se hubiese echado atrás en su primitiva oferta de nombrarle presidente del Consejo Superior de Deportes es apuntado por múltiples fuentes como una de las causas de su actual dimisión. El Gobierno y el propio interesado niegan esta interpretación.

Un miembro del Ejecutivo explica que la decisión de no nombrar a Feo fue colectiva y no atribuible a ningún ministro en concreto. "Se debió a que preferimos para tal puesto a una persona como Javier Gómez Navarro, cuya experiencia respondía mejor al perfil profesional que queríamos -un gestor empresarial del sector del ocio y el turismo- para presidir el Consejo Superior de Deportes".

Una ilusión de un mes

Las nuevas responsabilidades que se le atribuyeron posteriormente a Feo, especialmente en materia de seguridad e información, le ilusionaron de nuevo durante cuatro semanas, según un amigo suyo. "Pronto se dio cuenta de que el cargo no era lo que él creía", añade esta fuente. "En los voluminosos informes que recibía a diario había múltiples estudios teóricos de catedráticos sobre temas como el terrorismo en la cuenca del Mediterraneo, pero no contienen informaciones concretas sobre el paradero de Txomin, por ejemplo, que son las que de verdad le interesaban a Julio".No está decidido, según fuentes de la Moncloa, la sustitución de Feo. Se barajan dos hipótesis: no cubrir el puesto o bien distribuir sus funciones entre el ministro portavoz del Gobierno y el equipo de asesores de la Presidencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de junio de 1987

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