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RELIGIÓN

Polémico libro de Ratzinger sobre Iglesia y política en la campaña electoral italiana

Iglesia, ecumenismo y política, la nueva obra del cardenal alemán Joseph Ratzinger, prefecto del ex Santo Oficio, que acaba de aparecer en las librerías, está llamada a encender nuevas polémicas. Ve la luz en la campaña electoral italiana, en la que se vislumbra la posibilidad de que los comunistas se conviertan en el primer partido. Ante este temor los obispos han pedido el voto de los católicos para la Democracia Cristiana.

Ratzinger ha analizado incluso las pintadas que aparecen estos días en las paredes de Roma, como "El verdadero socialismo es la anarquía", "Ni Cristo ni Marx, sino lucha popular", etcétera. E interpretando éstas y otras pintadas, Ratzinger llega a la conclusión que si los italianos inmediatamente después de la guerra "saludaron con alegría la democracia, hoy se están aburriendo de ella". El cardenal defiende la democracia, pero sólo como una especie de mal menor, ya que afirma que la democracia "no engendra la convicción de ser la forma mejor de Estado" y que tampoco se presenta "en grado de unir por sí misma a los ciudadanos en una adhesión radical a una condición común".El prefecto del ex Santo Oficio condena lo que él llama "el mesianismo profano" de nuestro tiempo. Afirma que la frase de Ernesto Cardenal "Yo creo en la historia" expresa hoy "el credo secreto" de no pocos cristianos. Añade que esta concepción "hegeliana" serpentea hoy incluso entre obispos y en textos litúrgicos. Y la condena con ironía, afirmando que "de una manera extraña vuelve la mística del Reich de la época de las dos guerras, mística que llegó a un final tan macabro". Condena que en la Iglesia de hoy se hable, en vez de "reino de Dios", simplemente de "reino", afirmando que dicho "reino" es una especie "de rompecabezas con el que el anticristo nos toma el pelo".

Y junto con el rechazo del "mesianismo secularizado", el libro de Ratzinger rezuma antimarxismo por todos los poros. Dice que al haber sido eliminada la distinción entre fe y religión han nacido los regímenes totalitarios, y que la eliminación de la fe en lo trascendente por parte del marxismo ha hecho caer a la sociedad en "el mito del Estado divino", que acaba haciendo posible "la barbarie nazi".

Para el cardenal del ex Santo Oficio, la única solución para salvar la democracia y la libertad es "la presencia cristiana en la vida política".

Pero no sólo sus ideas sobre la política y la Iglesia darán que hablar, sino que creará polémica también el capítulo dedicado al análisis de la Iglesia. Si una de las ideas base del concilio Vaticano II fue el salto de la concepción jurídica y piramidal de la Iglesia como "jerarquía" a la de "pueblo de Dios", hoy Ratzinger, que ya en otra de sus publicaciones, Informe sobre la fe, había arremetido contra el concilio, vuelve a insistir, afirmando que dicha definición conciliar de Iglesia como pueblo de Dios "no puede ser absolutizada ni separada de la tradición católica que ha definido siempre a la Iglesia en relación sobre todo con Cristo" y que exige "una estructura jerárquica". Lo mismo puede decirse del sínodo o de las conferencias episcopales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de mayo de 1987