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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

Sutileza y contundencia

A primera vista podría parecer un contrasentido que una orquesta americana ofreciese en un programa de gira toda una primera parte dedicada a Ravel, cuyo estilo impresionista requiere unas sutilezas impropias de las rotundidades del otro lado del Atlántico. No ha sido así ni mucho menos, a tenor de los resultados alcanzados, que caben considerarse como extraordinarios en el caso de Ma mere l'oye.En la partitura de carácter infantil que inicialmente escribiese Ravel para piano a cuatro manos dedicada a los hijos de su amigo Godebski, y que más tarde orquestase, existe un encantamiento de principio a fin que Previn supo mantener.

El director, André Previn, logró conservar una atención constante del auditorio mediante una coherente visión global con profusión de detalles en los segundos planos, como esos murmullos del bosque y sus bestias en Pulgarcito.

Orquesta Filarmónica de Los Angeles

Obras de Ravel y Elgar. Director: André Previn. Teatro Real. Madrid, 11 de mayo.

La sutileza de la composición hizo que el público se decantase mucho más en su aplauso por La valse y la Primera sinfonía de Elgar. Sin embargo, y a fuerza de buscar defectos, en La valse se marcó en exceso la danza, contraviniendo un poco ese encabezamiento de la partitura que reza: "A través de grietas que se entreabren en la arremolinada neblina, se ve en ella la presencia de parejas danzando el vals. La nubes se disipan gradualmente y se abren a una gran sala de baile repleta de multitud...". Previn prestó más entusiasmo a este último tiempo.

La versión de la primera de las dos sinfonías de Elgar interpretada por la orquesta invitada merece la pena ser escuchada, aunque muchos hubiéramos preferido oír otra obra a la Filarmónica de Los Ángeles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de mayo de 1987