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LAS RELACIONES CON EL" VECINO DE SUR"

Franco, moribundo, declaró la guerra a Marruecos

El general Franco, desde su lecho de muerte, declaró la guerra a Marruecos, y no le hicieron caso. Las relaciones entre el reino alauí y España, en los últimos 12 años, han llegado en varias ocasiones a ser críticas y a plantear la adopción de graves decisiones, hasta ahora desconocidas, que finalmente no se llevaron a efecto.El presidente del Gobierno, Carlos Arias, acudía frecuentemente a la clínica donde transcurrieron los últimos días de Franco para interesarse por su salud y despachar con el jefe del Estado cuando esto era posible. Según coinciden en afirmar varias fuentes, un día de noviembre de 1975 salió de esta audiencia con el rostro singularmente demudado. El general, aparentemente consciente en esa jornada, había escuchado los informes de Arias sobre la negativa del rey Hassan II a detener su anunciada marcha verde sobre el Sáhara y le había ordenado declarar la guerra a Marruecos. El presidente del Gobierno, que no sabía muy bien qué hacer, consultó sobre las instrucciones de Franco a alguno de sus más íntimos colaboradores y al Alto Estado Mayor. Todos le aconsejaron la conveniencia de ignorar y mantener en secreto las órdenes recibidas.

También en aquellos días el Conde de Barcelona, que mantenía buenas relaciones con Hassan II, que incluso le había regalado un chalé en Marruecos, intercedió infructuosamente para que se parara la marcha verde. Telefoneó al monarca alauí y, en un tono amistoso, le reprochó haber elegido aquellos momentos, con Franco moribundo y con las íncertidumbres de lo que pudiera pasar tras su des aparición, para presionar a España con la reivindicación del Sáhara. La respuesta de Hassan II, pese a mostrarse comprensivo con la preocupación del Conde de Barcelona por la situación que se le creaba a su hijo Juan Carlos, fue tajante: "¿Y qué mejor momento voy a encontrar para recuperar el Sáhara?".

Meses antes de estas gestiones, en mayo y junio de 1975 (cuando aún se desconocía la marcha verde.), varios vuelos charter salieron de Madrid con destino a Rabat. Empresarios y algún político, como el entonces alcalde de Alicante, Francisco García Romeu, acudieron a Marruecos invitados por el monarca alauí. Se alojaron en Mohamedia, en una residencia real, y mantuvieron conversaciones con autoridades marroquíes sobre distintas operaciones comerciales. Meses después, en la marcha verde, muchos de los participantes se abrigaron del frío de las noches del Sáhara con mantas fabricadas en la localidad alicantina de Benlloba, y entre su avituallamiento figuraban latas de sardinas de la marca El Ancla, envasadas en Canarias por la firma Lloret y Llinares.

El general Gómez de Salazar, que mandaba las fuerzas españolas en el Sáhara, recibió a don Juan Carlos, entonces Jefe del Estado en funciones, en su nunca bien explicada visita relámpago a aquel territorio a primeros de noviembre de 1975. El ex secretario general del Sáhara, Rodríguez de Viguri, recuerda que, por órdenes de Madrid, se modificó el texto de la intervención de Juan Carlos que se facilitó posteriormente a los medios de comunicación. El presidente del Gobierno, Carlos Arias, no disimuló su enfado por la iniciativa del entonces Príncipe de España.

Una vez conocido el compromíso de España de retirarse del Sáhara, Hassan II se mostró comprensivo y generoso con el sacrificio y la disciplina de los soldados españoles. El general Gómez de Salazar, máxima autoridad en el territorio, tuvo que repartir entre sus oficiales numerosas alfombras y cajas de whisky, que, a modo de presente, le hacía llegar en camiones el monarca alauí.

Años después del Tratado de Madrid, de 14 de noviembre de 1975, volvieron a vivirse situaciones críticas. Las conversaciones del rey Juan Carlos con Hassan II, en su primer viaje oficial a aquel país, fueron muy tensas. Y el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, tras la virulenta reacción marroquí a unas declaraciones suyas sobre la autodeterminación del Sáhara al diario francés Le Monde, envió una carta de dimisión al presidente Suárez, que no fue aceptada por éste.

Las conversaciones entre Adolfo Suárez y el rey Hassan II también fueron en varias ocasiones extremadamente duras.

Mañana, el problerna de Ceuta y Melilla y las relaciones Marruecos-islas Cariarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de abril de 1987