Paisaje habitual
Desde mi asiento del autobús 3, cuando pasaba esta madrugada por la Puerta del Sol, he visto los preparativos de la tala de farolas. Como el árbol que va a ser abatido, tienen ya desbrozada su base, puesto al descubierto su íntimo contacto con la tierra. El acontecimiento es inminente. He sentido que voy a perder algo. Que todos vamos a perder algo.Ya ha pasado la fiebre de las primeras reacciones contra su existencia. Ya casi ni suenan los nombres tan graciosos con los que un día las bautizaron los bienintencionados defensores de la estética y el buen gusto. Ya han pasado a formar parte de nuestro entorno, de nuestro cotidiano vivir. Ya han hecho singular, personal, única, nuestra Puerta del Sol. Pasan inadvertidas y por ello no nos damos cuenta de que su desaparición va a suponer una gran pérdida. Se va a hacer realidad, una vez más, la frase de que no apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Yo mismo, hasta hoy, no estaba firmemente convencido del partido a tomar; pero esta mañana, desprovisto de prejuicios contemplando la Puerta del Sol casi vacía, solitaria, serena, preparada a recibir el calor de la gente, me he decidido.-


























































