FECSA presenta al sector eléctrico un plan de salvación para sanear financieramente la sociedad

Juan Alegre Marcet, presidente de Fuerzas Eléctricas de Cataluña (FECSA), expuso ayer a Unidad Eléctrica (Unesa), que preside Íñigo de Oriol, el plan de reestructuración de su compañía para superar las dificultades originadas por su excesiva carga financiera. En la reunión se retocó dicho plan, que el sector eléctrico presentará a la Administración en los próximos días. El martes, varios presidentes de las eléctricas se reunieron -sin la presencia de Alegre Marcet- con el secretario general de Energía, Fernando Maravall, para tratar de la situación M sector, incluida FECSA.Las dificultades actuales de FECSA se derivan de la acumulación de costes diferidos en los pasados ejercicios, y hasta 1990, por un importe de 107.000 millones de pesetas. Estos costes diferidos adicionales son resultado de la necesidad contable de comenzar a amortizar inversiones, como consecuencia de la entrada en explotación de las centrales nucleares y la central hidraúlica de bombeo de Estangento.

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Para FECSA, al igual que para otras compañías, la entrada en servicio de los grupos nucleares ha significado un incremento de los costes de explotación. Para equilibrar la cuenta de resultados, la compañía precisa diferir costes por un valor de 20.000 y 30.000 millones de pesetas en 1986 y 1987, respectivamente. En total, hasta 1990 deberá diferir el pago de unos 107.000 millones de pesetas. La compañía considera que la financiación de este déficit resolvería las dificultades actuales, que a su juicio son coyunturales ya que la paulatina reducción de estos costes y el progresivo aumento de las tarifas permitirán en el futuro un reequilibrio financiero.

Sin embargo, los ingresos de la compañía (150.000 millones de pesetas) parecen insuficientes para afrontar la carga financiera, que se elevó a 74.000 millones de pesetas en 1986 y prevé unos 65.000 millones para 1987. La deuda de FECSA asciende a unos 567.000 millones de pesetas (272.000 en obligaciones, 170.000 en moneda extranjera, 92.000 millones en créditos a bancos nacionales a largo plazo y 33.000 millones en créditos a corto). La necesidad de aplazar costes afecta también a otras empresas eléctricas (a Hidrola, 120.000 millones; Fenosa y Sevillana, 40.000 millones) aunque estas compañías cuentan pro porcionalmente con mayores ingresos.

La reestructuración

Las fórmulas barajadas por FECSA para su reestructuración incluyen desde la venta de su participación en los grupos nucleares a la renegociación de parte de su deuda en obligaciones, independientemente de las posibles ayudas de la Administración. La compañía valora en unos 200.000 millones de pesetas su participación del 60% en Ascó 1 y del 45% en Ascó 2. Aunque existe una abierta discrepancia del sector sobre esta valoración de los grupos nucleares, que son los que producen la energía más costosa, la mayor dificultad para materializar esta venta proviene de la falta de compradores. El último intercambio de activos agotó prácticamente la capacidad de compra de las otras empresas.

En cuanto a la renegociación de las obligaciones, la dirección de FECSA tiene previsto arnortizar anticipadamente todas las obligaciones que legalmente sea posible. En algunas emisiones se establecieron cláusulas que ya preveían esta posibilidad. La compañía espera un resultado favorable, al menos parcialmente, de los arbitrajes que tiene pendientes sobre la venta de activos de 1985.

Dentro de la política de abaratamiento de costes financieros, y con objeto de cancelar varios préstamos sindicados, FECSA pondrá mañana en el mercado, bajo la dirección de Bank of America y la Caixa de Barcelona, una operación de crédito por valor de 20.000 millones de pesetas. La operación tiene dos fases. Primero, un préstamo revolving a ocho años, con cinco de carencia, y con un margen de 7/16 sobre el mibor, que será seguido de una segunda línea de crédito que tendrá como objetivo dar liquidez a la compañía si es necesario.

Otras fuentes consideran que la compañía podría poner a la venta una parte de su mercado, aunque aquí surgen las mismas dificultades que en la venta de activos, por falta de posibles compradores. Algunas empresas se muestran reacias a esta posibilidad por entender que detrae recursos que requieren para su propio saneamiento.

El consejo de administración de FECSA acordó el pasado 20 de diciembre no repartir dividendo a cuenta del ejercicio de 1986. Los expertos dan por seguro que, efectivamente, la empresa no repartirá beneficios por el pasado ejercicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 04 de febrero de 1987.

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