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María Lecea

Una embajadora del español en China que desea regresar a España

Cuando, en 1939, María Lecea, a sus 17 años, abandonó Alicante en uno de los últimos barcos de refugiados españoles republicanos en dirección a Argel, nada dejaba prever que acabaría siendo una verdadera embajadora de la enseñanza del español en China. Hoy, a los 62 años, condecorada por el rey Juan Carlos con la Orden de Alfonso X el Sabio, María desea regresar a España. Para ello necesita el arreglo de una pensión que la burocrática Administración española parece querer negarle.

"De Argelia pasamos a la Unión Soviética, donde mi marido, que era profesor, ejerció durante 16 años como profesor de español en el Instituto de Lenguas Extranjeras", explica María Lecea en su pequeño apartamento, en el complejo hotelero del hotel de la Amistad, en Pekín."En 1955", continúa la profesora de español, "los soviéticos nos propusieron ir a China, para enseñar la lengua y la cultura españolas". María y su marido -hoy fallecido- llegaron a Pekín acompañados de su hijo Manuel, nacido en Moscú "y que vive ahora en París". De su primera época en China María recuerda el entusiasmo generado en los años sesenta por el aprendizaje del español entre los chinos, "en un verdadero movimiento de simpatía con la revolución cubana". La segunda hija de María, que vive en Málaga, nació en Pekín.

Pero los vientos de ruptura que soplaron entre soviéticos y chinos a mitad de los años sesenta hicieron que María Lecea abandonara Pekín para instalarse, siempre enseñando el español, en la capital argelina, donde vivió desde 1965 hasta 1984, momento en que decidió regresar a Pekín, tras la muerte de su marido.

"Fue emocionante", explica, regresar a China y ser recibida por muchos de mis ex alumnos, que ocupan hoy puestos importantes en la enseñanza o en la política". María considera que en China hay un renacer por el interés del idioma español, como demuestra el aumento de alumnos matriculados en su instituto o en las universidades más importantes del país.

En reconocimiento a su labor, el Rey de España concedió a María Lecea la orden de Alfonso X el Sabio, que le impuso el embajador de España en Pekín, Mariano de Ucelay, el pasado 6 de octubre. "Me emocioné muchísimo", recuerda María Lecea, "y pensé que había llegado el momento de regresar a España".

Para ello, María Lecea espera la concesión de una pensión, "que creo que merezco por haber trabajado siempre enseñando el español fuera de España durante 42 años". Sin embargo, las ruedas de la Administración española parecen girar con extrema lentitud, y, a pesar de contar con las promesas de personalidades españolas, no llega la prometida pensión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de diciembre de 1986