Entrevista:

Bill Viola: "Hay que acercarse al videoarte como cuando se hojea un libro de poesía"

Bill Viola presenta en el II Festival Nacional de Vídeo, que se celebra estos días en Madrid, una instalación llamada Habitación para San Juan de la Cruz. Viola es uno de los artistas de vídeo de más amplio reconocimiento internacional y, con esta instalación en el Círculo de Bellas Artes pretende reconstruir la sensación de ensimismamiento del poeta y su proyección al mundo exterior desde lo mas profundo de su enclaustramiento. "No creo que la televisión sea el medio más adecuado para exhibir mi obra", dice. "Hay que acercarse al videoarte como cuando se hojea un libro de poesía".

Bill Viola nació en Nueva York hace 35 años. En u adolescencia, se dedicó a la música y, a partir de ella, se relacionó con otros medios de expresión artística, como el vídeo, para terminar mezclando todas ellas en la expresión singular de sus instalaciones. En el II Festival de Vídeo ha presentado Habitación para San Juan de la Cruz, en la que se reproduce en sus exactas dimensiones la celda en la que fue recluido el poeta por la Inquisición y donde escribió gran parte de su obra. Viola dicta también en este festival un seminario titulado La experiencia subjetiva como lenguaje fundamental del vídeo.

Imagen y sonido

Pregunta. ¿Se acercó usted al video a través de la música?

Respuesta. Mis relaciones con la música se remontan a mi adolescencia: yo tocaba la batería en un grupo de rock and roll. En esa época lo tomaba sólo como diversión, pero fue en realidad una experiencia muy importante que me enseñó el proceso de situar algo en el tiempo, darle ritmo y aprender cómo refinar una obra por el hecho de practicar y ensayar una y otra vez. Tienes que hacerlo mejor de lo que pensabas que podías hacerlo. Si escuchara ahora esa música me daría vergüenza, pero lo importante de todo eso fue que conocí a David Tudor; él tocaba el piano con John Cage y es uno de los mejores intérpretes de música contemporánea de nuestro siglo. Dejó de tocar el piano y empezó a hacer sus propias composiciones, como Rainforest, en las que se utilizaban objetos conectados con cables para producir sonidos, de modo que vibraban y producían nuevos sonidos a través de sus cuerpos. Existía entonces toda una transformación, y la idea de que un material físico podía afectar a algo tan poco tangible como el sonido me hacía pensar en el tiempo y el espacio de una manera completamente distinta. Y es ahí donde empecé a comprender cómo utilizar el tiempo, la acústica y el espacio como la percepción de ellos como material":

P. En el seminario que impartirá durante el festival se da especial atención a la acústica. ¿Qué importancia tiene ésta en su trabajo como videocreador?

R. Es muy importante. Al principio, en mis primeras cintas, la base de todo estaba en el sonido. Mis primeras ideas se daban en el sonido antes de que la parte de la imagen estuviese completa. Muchas veces aprendí a mover la cámara de una nueva manera al prestar atención al sonido. En muchos de mis primeros trabajos el movimiento de cámara está basado en la acústica en el espacio, no en la apariencia visual del espacio. Lo más excitante para mí cuando empecé a hacer videos era eso, porque antes había hecho muchos trabajos únicamente de sonido, grabaciones, pero con el vídeo descubrí hasta qué punto el ojo y el oído están relacionados, tal como ocurre en el cuerpo. No sólo ves una imagen y oyes algo por separado, sino que ambas sensaciones están íntimamente conectadas. Considero que el vídeo es un reproductor del sonido y la imagen inseparablemente.

P. Con la evolución del vídeo en estos años y al independizarse como arte autónoma, ¿no ha quedado un poco estrecho el término videoarte para definirlo?

R. Videoarte no es un buen nombre. En primer lugar, porque conecta el vídeo con el arte, lo cual crea confusiones porque la posición del vídeo hoy es única, Bill Viola. porque puede extenderse más allá de las corrientes dominantes de otras formas artísticas. He mostrado mis trabajos en la televisión pública en Estados Unidos a gente que no iría nunca a un museo. Con el vídeo estás usando el lenguaje de la cultura actual, el de la televisión, que todo el mundo comprende: Hay más responsabilidad en no utilizar un lenguaje demasiado elitista. La gente de vídeo ha desarrollado un lenguaje que no es el del cine ni el de la pintura o la escultura, ni siquiera la televisión.

P. No obstante, usted en sus instalaciones y sus vídeos se expresa a través de un lenguaje minimalista o conceptualista, mucho más difícil de comprender para el público no especializado.

R. Es cierto, todavía existe ese problema. Pienso que el problema se encuentra en ambos lados. Personalmente he tenido momentos difíciles con el arte contemporáneo, no tanto en los últimos 15 años, sino antes. En el minimalismo el foco del arte era el arte mismo y el discurso se daba sólo al interior del mundo del arte. Pienso que ése fue el más extremo punto al que llegó el arte en su experiencia, y yo reaccioné muy fuertemente en contra de ello. Comprendo perfectamente a la gente que no conecta con las abstracciones y problemas del arte contemporáneo.. Por otro lado, tampoco culpo al arte de este alejamiento. La sociedad ha estado muy controlada en las maneras de ver y pensar con respecto a la política a través de los medios, víctimas de un imperalismo de la percepción.

En última instancia, el artista no debe hacer un trabajo para nadie, excepto para sí mismo. Pienso que el artista tiene la responsabilidad de ser la voz de sí mismo, y en ese sentido hay una conexión universal, siempre y cuando se exprese sinceramente en él. A veces pienso por eso que tal vez la televisión no sea el medio más idóneo para exhibir mis vídeos, porque se crea una situación de presión, ya que llega a la casa de todo el mundo. Lo ideal es en realidad el videocasete, porque cada uno puede manejarlo a su antojo, detenerlo, retroceder, verlo de nuevo, vivir con él y tratarlo como quien hojea un libro de poemas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 21 de diciembre de 1986.

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