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Tribuna:CONSECUENCIAS DEL ENDEUDAMIENTO EXTERNO

Un nuevo 'plan Marshall', ahora para el Tercer Mundo

ARIEL B. COLLAZOLa cumbre Gorbachov-Reagan ha puesto al desnudo el verdadero problema de nuestro tiempo. No se puede detener la iniciativa de la guerra de las galaxias porque provocaría la parálisis económica norteamericana. El complejo militar-industrial que denunciara Eisenhower ha maniatado de pies y manos una vez más al presidente de EE UU. La explicación, según el autor de este artículo, está en la esencia del capitalismo, ahora llamado economía de mercado, que, hoy como ayer, pone de manifiesto sus tres grandes males: el paro, las crisis y la explotación, ayer del mundo colonial, hoy del llamado Tercer Mundo.

La economía de mercado, sin planificación, provoca la anarquía de la producción, y ésta, la sobreproducción y la saturación de los mercados, que conduce al paro. El paro y la sobreproducción provocan las crisis cíclicas, a veces con cracs como el de 1929, a veces con la salida hacia la guerra, como en 1939, a veces con el paro crónico más inflación, la stagl7ation, que vivimos desde 1973. La economía se retrae, y su eslabón más débil, el Tercer Mundo, ve aumentada su expoliación, no puede pagar la deuda y, en lugar de desarrollarse, involuciona. Dentro de la economía capitalista sólo se han conocido dos soluciones:La primera ha sido la de desarrollar una economía de guerra, reconvirtiendo gran parte de la industria hacia una producción que no va a inundar los mercados saturados. Es la solución del rearme del Gobierno de Reagan, que no es original, porque ya la había descubierto en 1934 el doctor Schacht, ministro de Economía de Hitler.

La segunda ha sido la de desarrollar una economía de paz, de John Maynard Keynes, que aconseja realizar un gran esfuerzo de gasto público, que estimule al privado y permita la reactivación de la economía, ampliando los mercados con grandes planes de obras, dentro o fuera del país.

Fue la solución aplicada por Franklin Delano Roossevelt desde 1933 en EE UU, y luego por Harry Truman con el plan Marshall desde 1947, para reconstruir la economía europea. Ambas soluciones se financian con una gran emisión de deuda pública a intereses más altos de los normales, con la seguridad que ofrece el Estado, aval de la deuda.

Pero la diferencia de las dos soluciones está en que la del rearme es una solución financiera, pero no económica, que permitió antes a los alemanes y ahora a los norteamericanos vivir por encima de sus posibilidades unos años, pero hunde el comercio de exportación, provoca una avalancha de importaciones, por la subida del dólar que provocan los altos intereses ofrecidos, así como aumenta el déficit presupuestario hasta transformar a EE UU en el mayor deudor del mundo. Entre tanto, la economía se ha resentido y el resto del mundo ha sufrido las consecuencias, y en 10 años, las armas fabricadas con semejante deuda volverán a quedar obsoletas sin haberse usado. Porque en 1939 la guerra era intercapitalista y era posible hacerla sin arriesgar la propia destrucción, pero en 1986 existe un mundo socialista, que no tiene en su seno contradicciones que lo lleven a la guerra, y el arma nuclear ya no está hoy en manos sólo de EE UU.

Keynes vive

¿Cómo salir de esta situación? Aplicando otra vez las teorías de Keynes, ahora para el mundo entero, capitalista y socialista, primero, segundo y tercer mundos.Financiar un nuevo y gigantesco plan Marshall, esta vez para el Tercer Mundo, financiado por el primero y segundo mundos, con un porcentaje de disminución de los gastos de rearme, por ejemplo, un tercio de ellos, por un acuerdo de los países industrializados, capitalistas o socialistas, en el marco de las Naciones Unidas, que sirvan para financiar el pago de la deuda y el desarrollo del Tercer Mundo.

Esto beneficiaría también a los países del primero y segundo mundos, porque abriría nuevos mercados en el Tercer Mundo, muy lejos hoy de la saturación que padece el mundo industrializado; porque se crearía mucho empleo en los países industrializados, que podrían enviar al Tercer Mundo a miles y miles de profesionales y técnicos hoy en paro, haciendo que las universidades dejaran de ser fábricas de parados; el pago de la deuda externa del Tercer Mundo a los bancos acreedores, que cobrarían unas deudas que hoy aparecen como impagables, sin crear nuevos impuestos, y en plazos no demasiado largos; porque las fábricas de armamentos tanto de EE UU como de la URSS podrían reconvertirse en parte para producir para la paz y las necesidades de defensa continuarían atendidas con los 2/3 restantes; porque comenzaría a disminuir la imparable invasión de emigrantes del Tercer Mundo, al aumentar en aquél las posibilidades de empleo; porque las multinacionales podrían cambiar el sentido de sus inversiones, qué hoy son de un 75% para el mundo industrializado y sólo un 25% para el Tercer Mundo, cuando la población mundial se distribuye al revés, y en el año 2000 el 80% de la población mundial estará en el Tercer Mundo.

La idea, ni es imposible ni es nuestra. Fue lanzada por la revista financiera Wall Street Journal y comentada en la reunión de La Habana de 1985 sobre la deuda. Dentro de poco tiempo comenzará la campaña para la presidencia de EE UU, y los candidatos se verán obligados a presentar programas alternativos a la política de Reagan, que es una huida hacia adelante que no lleva a ninguna parte, como no sea a la necrosis del sistema capitalista.

Esta idea permitiría prolongar otros 50 o 100 años el sistema capitalista, y no es porque si que aparece en el Wall Street Journal. No obstante, al hacer la producción cada vez más social, también seguiría preparando el advenimiento del socialismo.

Esta política de paz y desarrollo, en fin, permitiría solucionar muchos conflictos actuales, Nicaragua, Libia o Siria, o el terrorismo del Tercer Mundo en Europa, o la sustitución de los Gobiernos militares o racistas que aún subsisten, Indonesia, o Suráfrica y Namibla o Chile. Por la sencilla razón de que con el desarrollo, y gracias a él, la paz se hace posible y duradera.

Ariel B. Collazo fue diputado en Uruguay de 1959 a 1972. Es conseller nacional del PSC (PSC-PSOE) y primer secretario de la agrupación de l'Eixample de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de noviembre de 1986