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Vecinos de Malasaña toman en vídeo los altercados para dar la grabación a la policía

La calle de Velarde, en la zona de Malasaña, cuenta en sus escasos 100 metros de longitud con 12 bares. Sin embargo, una mantequería, La Ciudad de León, concita las iras del vecindario. Las litronas (botellas de litro) que vende hasta altas horas, de la madrugada parecen ser las provocadoras de los escándalos e incidentes que acaecen en la calle. Mientras tanto, algunos vecinos fotografían o graban en vídeo los altercados con la intención de poner el material en manos de la policía.

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Por la noche, sobre todo durante los fines de semana, la recoleta zona de Malasaña, en el barrio de Maravillas, se convierte en escaparate barroco de las más diversas tribus urbanas que pululan por la capital. Allí se juntan para beber, charlar, jugar al billar punks de dorada cresta, profesores de filosofia, heaves jalonados de tachuelas, modernos, hijos de Alá con olor a hierbas locas, diputados de izquierda, camellos nacionales e'internacionales, ladrones de miradas, bisuteros nómadas, coleguillas, postrimerías de bodas y homenajes, corolarios de partidos de balompié, restos del naufragio de mayo del 68, buscones, pandillas rivales, caritautores, niños bien con sed de mal, niños mal con sed de bien, melancólicos, asiduos de las promiscuidades y caballeros de fortuna.Tan compleja fauna, arremolinada en unos pocos metros cuadrados, da lugar también a alborotos callejeros que tienen crispados y medrosos a los vecinos.

En las últimas semanas se ha incrementado la presencia policial en la zona, pero hasta el momento no ha disminuido el número de los camellos que allí montas sus transacciones. Allí siguen ellos, los mismos de siempre, desafiando al tiempo, a las lecheras y a las venganzas. Allí siguen ellos, conocidos por todos de igual forma que se conoce al repartidor de butano o al lechero. Los camellos de Malasaña corren el peligro de convertirse en elementos esenciales del tipismo del barrio.

Algunos residentes y muchos empresarios temen que sus calles, como otras del centro de Madrid, lleguen a ser una especie de reserva narcótica, donde los vendedores de droga se mueven con cierta libertad, pero están controlados, agrupados. Algunos vecinos, con indomable celo, están ejerciendo de detectives ocasionales: fotograflian desde sus balcones a los camellos o graban en vídeo algunos altercados con la intención de poner todo este material en manos de la policía.

Más alcohol que droga

Sin embargo, la mayor parte de las alteraciones del orden no están motivadas por las drogas ilegales, sino por el alcohol, que es mucho más barato y más asequible. Como dice un castizo, "en Malasaña corre más la merluza que el caballo (heroína)". Un ejemplo de ello es la calle de Velarde, donde los viernes y sábados por la noche la vía pública es prácticamente tomada por diversasteorías de adolescentes bulliciosos a la par que beodos, que aprenden a perpetrar desvaríos con una cerveza de litro, litrona, en la mano.La calle de Velarde es muy corta, muy estrecha. En tan sólo 100 escasos metros de longitud cuenta con 12 bares de muy diversa condición, desde El Puerto, marisquería de barrio y bar de cañas, hasta la mítica Vía Láctea, pasando por Nueva Visión, Baroja, El Mago, Champanat, El Valle o El Dos de Mayo.

Mezcladas con los bares, una cestería, una tienda de compraventa de antigüedades, una librería esotérica, una peluquería, una tienda de regalos y una mantequería, La Ciudad de León, que ya tiene más de 100 años de existencia. Este establecimiento, afectado por la crisis del pequefío comercio ante la competencia de los supermercados, se ha acogido a la libertad de horario comercial y en él se expenden litronas los fines de semana hasta bien entrada la madrugada.

Al parecer, las litronas son las presuntas provocadoras de los incidentes que acaecen en la calle de Velarde: gamberradas, insultos a los viandantes y a los automovilistas, agresiones a vehículos y personas, bullicio y despropósitos. Desde el bar El Puerto, un viejo parroquiano comenta con total convencimiento: "Lo que les pasa es que no saben mearla".

Jesús, que regenta La Ciudad de León, afirma que lo que pase fuera de su tienda nada tiene que ver con él, pues tiene todos los papeles en regla y sólo está ejerciendo el derecho a vender alcohol envasado y a adoptar libertad de horario, vigente desde la entrada en la Comunidad Económica Europea. Por otra parte, Jesús sólo vende una marca determinada, mientras que los despojos que quedan en la calle de madrugada pertenecen a diversas marcas, compradas en otros bares de los contornos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de noviembre de 1986

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