Niños polacos
Con estupor leo en EL PAÍS de 6 del actual que, con motivo de la visita de Juan Pablo II a Lyón, la recaudación de la venta de velas para iluminar las ventanas de la ciudad, a petición del cardenal arzobispo de Lyón, se destinará a llevar este invierno botellas de leche a los niños polacos. He residido cinco años en Polonia y otros muchos en países del llamado Tercer Mundo y de Occidente, y estoy en condiciones de asegurar que los niños polacos son de los más rollizos y se encuentran entre los mejor atendidos del orbe. Jamás he visto allí un niño desnutrido o pobre, cosa que no podría decir de otros países, empezando, desgraciadamente, por el nuestro.Cuando el accidente de Chernobil, que sumió en la histeria a buena parte de la población polaca gracias a la bien intencionada información occidental, sin que se registrara, por cierto, ningún caso, de peligro, las autoridades, como medida de precaución, aconsejaron no consumir leche ni sus derivados, y en los primeros días retiraron las existencias de estos productos de los lugares de abastencimiento; pero, aun entonces, se reservaron partidas de leche en polvo para el consumo infantil y se habilitaron tiendas para la alimentación de los niños. Este montaje es, pues, o una estupidez insigne o una infamia más sobre la pretendida cuestión polaca, que interesa mantener abierta permanentemente.- Ex catedrático de la universidad de Varsovia.


























































