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Ortega Cano, triunfador de la feria de San Isidro

La mayor parte de los jurados que conceden trofeos con motivo de la feria de San Isidro han declarado triunfador de la misma a Ortega Cano. Este fallo coincide con la opinión de la mayor parte de los aficionados y se corresponde con la actuación, muy meritoria y artística, del mencionado diestro cartagenero, que participó tres tardes en el abono.Otros jurados, en número menor, han declarado triunfador al Niño de la Capea o a Emilio Oliva. En cuanto a los premios al toro más bravo, también ha habido mayoría para el de Victorino Martín lidiado en quinto lugar en la corrida del 19 de mayo, si bien algunos jurados han considerado más bravo a un toro de Baltasar Ibán, y uno de ellos incluso a un toro de Pablo Romero que, si noble y encastado, manseó en el caballo.

La feria ha transcurrido en un plano mediocre, tanto en lo que se refiere a las actuaciones de los toreros como al comportamiento de los toros, aunque hubo acontecimientos de especial relieve. En lo que se refiere al ganado, por ejemplo, hubo gran cantidad de mansos y sorprendió la bronquedad y falta de casta de una ganadería de tanto prestigio como la de Fermín Bohórquez. Pero, paralelamente, el toro Veletero, de Victorino Martín, fue une, de los más bravos que se hayan lidiado en Las Ventas en los últimos años, y se vieron también algunos toros importantes en otras corridas, como la de Baltasar Ibán y la de Torrealta. La de Pablo Romero sacó nobleza, pero no bravura, y aquella condición fue saludada con alborozo.

Revelación de Joselito

Junto a Ortega Cano destacaron la revelación de Joselito, con una actuación asombrosa en todos los tercios y en todos los toros el día de su confirmación de alternativa, y la recuperación de Emilio Oliva, con dos faenas que suscitaron el entusiasmo del público, si bien las emborronó con la espada. y hasta en uno de sus toros necesitó utilizar el desocabello 35 veces, que es una cifra sin precedentes. Ruiz Miguel lidió con holgura la corrida de Victorino Martín y revalorizó su cartel. El Niño de la Capea estuvo bullidor con dos toros, a los que cortó oreja, en tanto el arte y el toreo puro lo hacían Pepín Jiménez y Curro Vázquez.

Uno de los pasajes culminantes de la feria fue el tercio de quites en que compitieron Julio Robles y Ortega Cano, mientras en el aspecto negativo son de resaltar los fracasos de Paco Ojeda y Emilio Muñoz o las caídas injustificadas del cartel de Manzanares y Pepe Luis Vázquez.

La plaza se llenó prácticamente las 23 tardes del abono, en tanto el problema de la reventa ilegal continuó en los mismos escandalosos términos que en años anteriores. La cuadra de picar continuó siendo la peor del mundo, y los picadores acentuaron, en líneas generales, la corruptela de destruir las reses picándolas trasero y sin hacer la suerte de varas en regla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de junio de 1986