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El FMI y el Banco Mundial terminan sus asambleas con un consenso para reducir más los tipos de interés

Un cauto optimismo sobre el efecto que la caída de los precios del petróleo puede tener en la economía mundial y un consenso general sobre la necesidad de bajar algo más los tipos de interés con el fin de estimular la economía son los resultados más llamativos de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial celebradas durante esta semana en Washington. En el otro lado de la balanza cabe destacar el nuevo aplazamiento de la pretendida reforma del sistema monetario mundial y el silencio de las naciones ricas ante las quejas de los países en desarrollo.

Francia y el Reino Unido ya han reaccionado al acuerdo implícito del selecto grupo de los cinco países más industrializados del mundo occidental, reunidos con gran sigilo en Washington para coordinar una nueva baja generalizada en los tipos de interés. Tanto los bancos británicos como los franceses han anunciado una ligera reducción de sus tipos, si bien falta por materializarse la de los otros tres miembros del grupo, Estados Unidos, República Federal de Alemania y, Japón.Tokio y Bonn han admitido que "existe espacio suficiente" para bajar algo más los tipos de interés, pero sus ministros de Finanzas se han mostrado reacios a encabezar la iniciativa mientras Washington no adopte medidas serias para reducir su multibillonario déficit fiscal. Los alemanes, que recuerdan con desagrado experiencias anteriores, se resisten a convertirse, ellos solos, en la locomotora de la reactivación. En el caso japonés, sus reticencias guardan relación con la abierta sugerencia del resto del club para que continúe el proceso de apreciación del yen.

Falta de acción

La falta de acción de Washington tiene otras causas, cuyo origen hay que buscarlo en la situación política interna. La Administración Reagan mantiene una larvada batalla con el presidente del Sistema Federal de la Reserva (FED), el todopoderoso Paul Volcker, en torno a la evolución doméstica de los tipos de interés y a la cotización del dólar. El FED se opone a las presiones de la Casa Blanca para propiciar una caída inmediata de los tipos. Volcker argumenta que con unos precios del petróleo por los suelos, una baja adicional en los tipos de interés incrementaría el dinero disponible en manos del consumidor, lo que estimularía la inflación y anularía los esfuerzos para equilibrar el déficit. Asimismo, duda sobre la efectividad de una depreciación adicional del dólar.Con todo, el secretario del Tesoro ha sido muy claro en sus intervenciones ante el FMI. Washington no sólo propicia una baja de los tipos, sino que además quiere que Japón continúe apreciando el yen y, por tanto, devaluando el dólar, que ya ha perdido un 30% de su valor desde que el grupo de los cinco mantuvo la histórica reunión de Nueva York el pasado septiembre. Ha llegado incluso a anticipar una baja del tipo de descuento para antes de que los líderes de las siete naciones más industrializadas del mundo occidental se reúnan a partir del 4 de mayo en Tokio.

El optimismo por la caída generalizada de los precios del petróleo, que han perdido más del 50% de su valor en sólo tres meses, ha sido otra característica de las reuniones. Los expertos del FMI, en su último economic outlook, han anticipado un crecimiento del 3% en la economía mundial. De este aumento, más de medio punto es atribuible a la caída de los precios del crudo. El efecto puede ser mayor si se estabiliza en los actuales niveles el precio del crudo y si siguen cayendo los tipos de interés.

Pero el factor petróleo ha sido objeto, a su vez, de una polémica. Las naciones en desarrollo han advertido que el hundimiento de los precios tendrá efectos adversos en sus economías. Por un lado, los productores de crudo verán sus ingresos reducidos. Por otro, los consumidores dependientes de las importaciones de estos países también experimentarán las reducciones de los gastos en estas naciones. El grupo de los veinticuatro, que a las naciones en desarrollo, incluso ha solicitado un nuevo fondo para compensar a los países perjudicados por el hundimiento del crudo.

Un aspecto sorprendente de la reunión ha sido la política de silencio sobre el problema de la deuda global, que alcanzará el billón de dólares a finales de 1986. Si bien EE UU ha reiterado la vigencia de su iniciativa del pasado septiembre, el denominado plan Baker, las naciones más afectadas por el problema (Brasil, México, Venezuela, Argentina, etcétera) han guardado un cauto silencio. Tan sólo se han limitado a reiterar la necesidad de buscar soluciones imaginativas con las que acompañar a la actual estrategia.

Lo que sí se ha aplazado sin fecha determinada es la petición de algunos países desarrollados y los deudores para convocar una conferencia monetaria mundial. La idea gusta muy poco en las naciones europeas, y esta vez hasta la delegación francesa, ya con un Gobierno conservador, ha mantenido una actitud sospechosa. La pretendida reforma del sistema monetario, tal como se pedía en los informes elaborados el pasado año por el grupo de los veinticuatro y el grupo de los diez, ha quedado pendiente de un mayor estudio del directorio del FMI, y con ella, los avances que se habían realizado para. el establecimiento de zonas de referencia en los tipos de cambio, en sustitución en los actuales mecanismos flexibles.

Otro tema archivado para septiembre ha sido el que se había planteado con cierta novedad. La creación de unos denominados indicadores objetivos de la economía mundial y de la que los hubiese advertido cuándo la economía de un país experimenta desequilibrios y cuándo necesita ajustes en sus tipos de cambio o de interés.

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