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Tribuna:EL PROBLEMA DEL PARO
Tribuna
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Política ocupacional: débiles y fuertes

Bastó una frase en aquel aula rebosante de estudiantes, de parados mayores de 35 años y de profesores a la búsqueda de un amigo perdido, para que comenzara el abucheo, para que la tensión social que no llega a la luz para asombro de sociólogos explotara en colores variopintos, en comentarios agudos unos y agrestes otros, en dialectos calabrés o piamontés, e incluso en italiano.El ministro de Trabajo se limitó a decir que no sólo las cosas van mal y no hay recetas mágicas que resuelvan el problema número uno (o dos, según esté el "ciclo terrorista"), el paro, sino que "lo peor está aún por venir".

Valor, o humor, hay que reconocerle a Gianni de Michelis para haberse ofrecido en este 1986 para ir a discutir a Turín su piano del lavoro con profesores y estudiantes, en el marco del departamento de Ciencias Sociales. La situación social en Turín, con la reconversión de la base productiva (y social) que hizo de esta ciudad emblema de las grandes luchas obreras de los años setenta, no la señala como un paraíso de visita para los responsables de las políticas ocupacionales.

Negro futuro

Y, sin embargo, vino. Dispuesto a hablar del futuro a jóvenes estudiantes, como recordó en una intervención; de un futuro que iba a empeorar, si ya parecía negro el presente. Y allí hubo estudiantes, que lo eran por ser parados, para hacer algo, que hablaron de lo que eran, "en realidad", los contratos de colaboración: según ellos, una forma barata y precaria para los entes locales y regionales de asegurarse trabajo.Pero también hubo parados á part entière. Hubo quien explicó lo mucho de ideología que había en eso del trabajador posindustrial de la informática: te hacen hacer unos cursos de formación profesional que sirven, junto a las colocaciones nominativas, para seleccionar a los más "adeptos" a la empresa. Como han hecho -decían- recientemente con nosotros en la Olivetti: la nueva profesionalidad que aquí se demanda es sobre todo una conducta profesional, una actitud ante la empresa, sus normas, sus objetivos... No buscan los más aptos, sino los más adeptos, los que están dispuestos a lo que sea con tal de conservar un lugar dentro.

¿Y cómo quieren articular esto? ¿Cuál es una de sus paredes maestras?, se preguntaba uno de los parados, mayores de 35 años.

-Enfrentándonos entre nosotros, con vosotros, contra vosotros, los jóvenes. Por eso estamos aquí el colectivo de parados mayores -poco más- de 35 años: nos expulsan de las empresas privadas, no nos admiten ya en las empresas públicas con el pretexto de la reserva a los jóvenes. Y para la jubilación nos quedan 25 años por delante... Quieren justificar muestra "liberación" del trabajo porque hay que dejar sitio a los más "necesitados", a las franjas de edad que están a la cabeza de las tasas de desempleo.

Así, las políticas de empleo encuentran una base de consenso social en las políticas para los jóvenes, que habrán de aceptar sucedáneos de empleos "normales" peor pagados, eventuales, sin capacidad de negociación... hasta los 30 años.

Flexibilizar a tope

Pero, su diseño -se afirmó repetidamente-, va más allá: Abrir la puerta de las empresas -y mantenerla abierta para una rápida, o "flexible", salida- con contratos, por ejemplo, "en forrnación" -como uno de los oradores enfatizó en todos los tonos-, que llevan el despido ya escrito en sus cláusulas. Con un tipo de relación que si por algo se caracteriza es por la precariedad.Trabajadores débiles en el mercado de trabajo y fuertes en los procesos de producción. Eso es lo que en la actual situación necesitan los empresarios, se dijo en todos los tonos y en todos los registros.

¿Y la situación va a empeorar?

Los parados plantearon una argumentación fuerte: si la tercera edad empieza a los pocos más de 35 años, y se es joven -y contratable en precario- hasta casi los 30, sólo puede ser válida una política ocupacional, del trabajo mejor dicho, que, basándose en una evaluación de las necesidades sociales, sirva para todos los ciudadanos -diversos- de esta república del trabajo.

Juan José Castillo es profesor de Sociología del Trabajo en la universidad Complutense de Madrid, y actualmente investigador en el departamento de Ciencias Sociales de la universidad de Turín.

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