RELIGIÓN

El Vaticano ordena retractarse a un teólogo norteamericano de sus teorías sobre sexualidad

El Vaticano ha ordenado al sacerdote norteamericano Charles E. Curran, teólogo liberal de la universidad Católica de América, que se retracte de sus opiniones sobre control de la natalidad y otros temas sexuales, amenazándole con retirarle la licencia para enseñar doctrina católica.El ultimátum fue hecho público el pasado martes por el propio Curran en una multitudinaria conferencia de prensa en la que el teólogo norteamericano mostró la carta que le había dirigido a finales del año pasado el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio).

Curren explicó que se negó a retractarse de sus teorías, y a cambio ofreció la promesa de no volver a enseñar ética sexual, un tema que, dijo el teólogo, llevaba 15 años sin enseñar. La contraoferta se la hizo llegar a Ratzinger el cardenal Joseph Bernardin, de Chicago, aunque parece ser que el cardenal alemán no se mostró dispuesto a aceptarla. Curran estuvo en Roma el pasado sábado y mantuvo una reunión secreta con Ratzinguer durante dos horas.

El teólogo de la universidad Católica de América es una figura muy popular entre sus alumnos. Ya en 1968 fue destituido de su cátedra por mantener que la permisibilidad del control de natalidad. Sus alumos mantuvieron una huelga de cinco días que obligó a las autoridades académicas a devolver su puesto a Curren.

La carta de Ratzinger, fechada el pasado 17 de septiembre de 1985, pedía a Curran que se retractara de "estas posiciones, que violan las condiciones necesarias para que un profesor pueda ser llamado teólogo católico", añadiendo que éste había violado las enseñanzas católicas, que mantienen que la contracepción artificial es pecado", que el aborto y la eutanasia son un "crimen innombrable", que la masturbación, las relaciones sexuales prematrimoniales y los actos homosexuales son "intrínsicamente inmorales" y que el matrimonio es indisoluble.

Curren mantiene que la clave del problema es el derecho a disentir de las enseñanzas de la Iglesia que no son dogmas o doctrinas que hayan sido declaradas infalibles.

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