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Crítica:'JAZZ-ROCK'
Crítica

El bajo que luce

El nombre del norteamericano Stanley Clarke, bajista reconocido desde sus tiempos junto a Chick Corea y Al Di Meola en Return To Forever, sirvió para llenar el recinto del madrileño teatro Albéniz el 6 de octubre, a pesar del precio de las entradas: 1.700 pesetas, abajo, y 1.400, arriba.Aunque el recital de Stanley Clarke y su banda distó en fuerza comunicativa, potencia sonora y muestra virtuosa de sus últimas grabaciones, se ganó a los asistentes desde el primer tema, Stereotypica, un instrumental a golpes y punteos de bajo con sintetizadores y batería portentosa; descendió del escenario al pasillo del patio de butacas y, en la oscuridad, rodeado de los primeros aplausos, tocó su bajo iluminado de lucecitas rojas por el borde superior del mástil. Después, nada le podía fallar. Media docena de piezas para menos de hora y media llenaron los espíritus de gozo musical, por la destreza de los tres intérpretes, y teatral, por el máximo contacto con el público.

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