Juan Pablo II condena en Camerún el 'apartheid'

Juan Pablo II deploró ayer en Camerún los sangrientos enfrentamientos raciales de Suráfrica y rezó para que "se acaben las indignas discriminaciones humanas" en este último país. En un comunicado oficial del Vaticano volante se calificó también ayer de "inadmisible" la segregación racial, porque pisotea los derechos fundamentales del hombre, que el Santo Padre no se cansa de repetir y de exigir, y sin los cuales no puede haber dignidad".

La nota vaticana enumeraba peticiones concretas para acabar con la violación de derechos humanos fundamentales que se produce actualmente en el país del Cono Sur africano: "Eliminación de toda discriminación racial, libertad política, libertad de pensamiento y de conciencia". El comunicado concluía diciendo que el papa Wojiyla está continuamente informado de lo que ocurre en Suráfrica y que "pide a Dios para que inspire a todos sentimientos de paz, justicia y respeto para los otros y para que éstos sean aceptados completamente y sin reservas"Él Papa, personalmente, pidió a Dios -"desde esta isla de paz"- "que acoja a las víctimas en su paz".

La etapa de Camerún -país de medio millón de kilómetros cuadrados y nueve millones de habitantes- es la más larga del presente periplo africano, con tres días y medio, y también una de las más delicadas.

Para la Iglesia de Roma, la situación de Camerún es hoy muy propicia, porque, tras 22 años de un régimen presidido por un musulmán -de la zona del norte, donde los católicos son casi inexistentes-, se ha pasado a un presidente, Paul Biya, católico practicante, formado en su seminario y además oriundo del sur, donde los cristianos son más numerosos.

Durante el régimen del musulmán Ahamadou Ahidjo, los católicos se quejaban de que todos los medios de comunicación y las ayudas financieras servían para fomentar sobre todo á los seguidores de la religión de Mahoma. Ahora, los católicos no quieren presentarse como ansiosos de una revancha, pero no cabe duda de quela llegada a la presidencia del cristiano Biya -a quien ayer el Papa dio la comunión en una misa a la que asistieron 200.000 personas-, supone una esperanza para ellos.

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24% de católicos

Los católicos representan el 24% de la población, frente al 40% de animistas, el 13% de protestantes y el 20% de musulmanes. Estos últimos se encuentran ahora en expansión, y pertenecen a los círculos más influyentes. Han sido ellos quienes han acabado por imponer sus costumbres a la gran masa animista, pero se advierte cierto interés de las religiones tradicionales fetichistas hacia el cristianismo. Así, la visita del Papa resulta aún más importante, teniendo en cuenta el carisma y prestigio personales de Wojtyla. Biya le ha preparado un programa en el que ha aparecido desde el momento de llegar a Camerún como un gran jefe de Estado internacional.

También aquí la gente se ha desbordado con el Papa. Cuanto más pobres son estas muchedumbres del Tercer Mundo, más les gusta salir a la calle para aplaudir a quien ellos ven como poco menos que un dios. Y además, en estas tierras, los Gobiernos se vuelcan decretando días de fiesta para que la gente pueda vivir a fondo y contenta el acontecimiento y pueda así asistir a los actos públicos.

El clima político en Camerún está afectado, sin embargo, por las dos tentativas de golpe de Estado que amenazaron el,año pasado al actual presidente, que se mueve en público con un despliegue de seguridad mayor que el del mismo Papa. Al parecer, Juan Pablo II está dispuesto a apoyar los deseos del presidente de hacer de Camerún un país africano moderno y estable, poniendo a disposición la fuerza con la que cuenta aquí la Iglesia, a cambio de que no se ponga limitación alguna a la libertad religiosa y que se respeten los derechos húmanos fundamentales.

Precisamente para apoyar un clima de libertad entre las diversas religiones de este país, que se divide, a veces dramáticamente, entre francófonos y anglófanos, que cuenta con más de 200 etnias y 150 dialectos, el Papa celebró ayer tarde una misa en Garou, en el norte, donde los católicos son una pequeña minoría. En su discurso elogió la religión musulmana, que es allí muy fuerte, y les ofreció la colaboración de los católicos para ayudar a Camerún a salir de su atolladero. Recordó también a "nuestros amigos los protestantes", y tuvo un recuerdo de gratitud para las religiones tradicionales, animistas y fetichistas.

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