Pruebas pefigrosas
Hace dos meses hicieron un cateterismo a un familiar mío en una clínica muy moderna de Madrid, y supuso la muerte para el paciente. Me resulta inexplicable que el doctor que aconsejó y realizó esta prueba la hiciese sin advertirnos de los graves riesgos que suponía, constándome, ahora, lo habitualmente que otros doctores exigen la firma de un consentimiento previo para efectuarla.Mi familiar, con las deficiencias normales en un corazón de su edad, ni había tenido infarto ni lesión alguna que le impidiera hacer su vida profesional normalmente. Naturalmente, si se nos hubiese advertido de los riesgos de la exploración aconsejada no se hubiera realizado.
Durante dos horas estuvimos sin noticias de lo que pudiera estar ocurriendo y sólo por información, indirecta y posterior, supimos de un infarto agudo, paro cardiaco de cerca de 10 minutos y edema pulmonar. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo fallo humano? ¿Técnico? Nunca lo sabremos, como tampoco sabremos si fue necesaria una operación posterior, a corazón abierto, que se le practicó durante cuatro horas y que sólo sirvió para prolongar el dramatismo de aquella situación.
Lo ocurrido ya no tiene solución, ni para la persona fallecida ni para sus familiares. Sólo lo expongo ahora con la esperanza de que su conocimiento sirva para evitar, en lo posible, que otras personas, por una insuficiente información, acudan a unas pruebas que se creen inofensivas, pero que, por el contrario, pueden llegar a costarles la vida-


























































