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Detectar mentiras, una labor difícil

Según las nuevas investigaciones, es sorprendente la ineptitud de la gente para detectar mentiras. La razón está en que la mayoría de los supuestos signos del engaño, como las miradas furtivas o el nerviosismo, raramente acompañan a la mentira premeditada Otra razón es que la gente, por lo general, no percibe otros tipos de indicadores más fiables, que los psicólogos están ahora empezando a desvelar.

En tanto que normalmente la gente espera que un mentiroso se descubra mediante gestos nerviosos, los nuevos estudios indican que los mentirosos procuran evitar tales movimientos nerviosos y mantener una mayo r compostura. "La mayoría de los mentirosos puede engañar a la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo", según Raul Ekman, psicólogo de la universidad de California en San Francisco.De todas formas, los investigadores acaban de descubrir que existen algunos signos físicos específicos que el suministrador de mentiras no puede suprimir.

"La gente miente un promedio de dos veces al día, o por lo menos eso es lo que normalmente se admite", dice Bella Depaulo, psicóloga de la universidad de Virginia, que en uno de sus estudios pide a los sujetos que lleven un registro de las mentiras diarias que dicen.

Uno de los descubrimientos más comunes de la nueva investigación, llevada a cabo por psicólogos de varias universidades, es que la gente cree ser mejor detectora de mentiras de lo que realmente es. En decenas de estudios se ha descubierto que el acierto de la gente en la detección de mentiras supera por lo general en muy poco a la casualidad. En tanto que la simple casualidad da una media de aciertos del 50%, en los últimos estudios la mejor media de aciertos de cualquiera de los grupos de estudio nunca excedió el 60%, y la mayoría de las veces está muy próxima a la media de la casualidad.

Eso es aplicable incluso a aquellas profesiones en las que la detección de mentiras es una de las bases. En un estudio realizado en la universidad de Cornell (Nueva York), por ejemplo, los inspectores de aduanas no consiguieron mejores resultados en el acierto sobre quienes intentaban pasar contrabando que los estudiantes. Igualmente, un estudiante de la universidad de Auburn (Alabama) demostró que los inspectores de policía no tenían más éxito que los estudiantes en descubrir a quienes mentían sobre un delito ficticio.

En otro estudio se descubrió que un grupo de veteranos inspectores federales, pertenecientes al servicio secreto y a las divisiones de investigación criminal de las fuerzas armadas, no tenía más aciertos en la detección de mentiras que los inspectores recién ingresados en esos organismos. La única diferencia entre los dos grupos consistió en que los inspectores veteranos, con una media de servicio de siete años, se sentían más seguros de sí mismos como expertos detectores de mentiras, pero aun así no tuvieron más aciertos.

Claves falsas

Este tipo de estudios ha demostrado que la gente no es buena detectora de mentiras debido en gran parte a que basan su juicio en claves falsas. Por ejemplo, en el estudio realizado con los inspectores de aduanas, se creía normalmente que la gente mentía si hacía cosas tales como dudar en las respuestas, evitar mirar a los ojos a su interrogador o cambiar a menudo de postura. No obstante, ninguna de esas pistas era más corriente entre los que mentían que entre los que decían la verdad."Los signos más fiables sin discusión alguna", dice Ekman, "son las respuestas que da automáticamente una persona al estar poco o nada sujeta a control". Tales respuestas se producen con mayor probabilidad en mentiras que son más importantes para el mentiroso y en las cuales su presión emocional es mayor.

Por ejemplo, la investigación de Ekman ha identificado ciertos movimientos de los músculos faciales que muy poca gente puede realizar deliberadamente. Ekman cree que por lo menos tres de esos movimientos musculares son signos indicadores -de reacciones emocionales que la gente que está mintiendo a menudo trata de ocultar: inquietud, miedo e irritación.

La señal de inquietud o preocupación es la elevación de solamente la parte interna de las cejas. "Menos del 15% de la gente puede controlar libremente ese movimiento", dijo Ekman en una entrevista. "Woody Allen es una de esas personas. Eso le proporciona la posibilidad de aparentar ser especialmente simpático o vulnerable. Pero en la mayoría de la gente este movimiento de las cejas se produce solamente cuando una persona siente verdadera inquietud. Lo mismo sucede con la señal de culpabilidad. Normalmente, este movimiento aparece independientemente de los esfuerzos que haga la persona para ocultar tal sentimiento".

Otra señal facial fiable es la del miedo. En este movimiento, las cejas se elevan y tienden a juntarse. "Ni una sola de las personas que hemos estudiado puede producir voluntariamente este movimiento", dice Ekman.

El tercero de los signos es el de irritación. Una persona irritada, a menudo estrecha y tensa el borde rojo de los labios. Ekman dice que esta acción muscular se presenta frecuentemente antes de que la persona sea consciente del sentimiento. Es un movimiento sutil y fugaz.'

También las sonrisas pueden albergar sentimientos reales "Una sonrisa fingida", dice Ekman, "tiende a ser asimétrica. Aunque ambos lados de la cara hacen los mismos movimientos, los músculos de un lado son más fuertes que los del otro, provocando así una expresión ligeramente ladeada".

Un aspecto importante en todo esto es lo expresiva que normalmente es una persona. Las personas que normalmente son muy expresivas cambian radicalmente cuando dicen una mentira premeditada. "Parecen adoptar una estrategia de autocontrol", dice Howard Friedman, psicólogo de la universidad de California en Riverside, "y, en consecuencia, pueden realizar menos gestos nerviosos de lo normal".

"Cuando una persona está preocupada por la mentira en la que está incurriendo", dice la doctora Depaulo, "sus respuestas suelen ser más cortas, lentas, negativas y tajantes que sus respuestas veraces. También tienden a evitar el enfrentamiento ocular con la persona a la que se dirigen, parpadean menos, hacen menos movimientos y se cambian menos de postura".

Mientras mienten, las personas tienden a tener más problemas de fluidez lingüística, según la doctora Depaulo. Sus respuestas son más cortas y dubitativas, hablan en un tono más alto y cometen más errores gramaticales y fallos de articulación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de marzo de 1985

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