El hecho ocurrió
en la madrugada del jueves día 1, en pleno Centro de Valencia, enfrente de la discoteca Metrópolis. Eran las tres de la mañana y salíamos un grupo de amigos noctámbulos cuando, no dando crédito a lo que veíamos, un joven sin recursos era introducido dentro de un furgón policial por tres policías a golpes'y patadas y continuaban con saña en el interior, con profesionalidad casi deportiva. La adrenalina, como es natural, se nos subió a la coronilla y yo, indignado, les increpé, ha ciéndoles valer mi condición de ciudadano y de persona indignada. Me miró ceñudo el policía de las manos desocupadas (el mando de la unidad no quiso identificarse como tal), conininándome a que me dispersara (?) y yo le contesté que lo que iba a hacer era denunciarlo. De inmediato acabó la horrible paliza y los policías del interior cerraron la puerta y adoptaron la posición de angelitos uniformados. Se me acercó el policía ceñudo y al ver que yo seguía buscando responsable, y turbado por la escena, se dio la vuelta, subió al furgón y todos juntos se perdieron en el asfalto. Mi reflexión es simple: considero que estos policías no son dignos de llevar el uniforme que llevan y que, más que seguro, me siento inseguro siendo defendido por tales individuos. Con todos mis respetos al cuerpo, solicito a la opinión pública que sea sensible y que se pidan responsabilidades. Yo firmo.-


























































