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La adicción al sexo

El 'donjuanismo' o la ninfomanía ya no se consideran mitos, sino dependencias que necesitan tratamiento psiquiátrico

Las desviaciones sexuales por exceso han figurado mitificadas en la literatura de todos los tiempos y civilizaciones. Lo patológico, hasta ahora, era su carencia, ligada estrechamente al tabú y los prejuicios sociales o religiosos. Pero desde el momento en que éstos se han desacralizado, los terapeutas descubren que tan pernicioso como no llegar es pasarse, hasta tal punto que lo catalogan como una dependencia. Los expertos sexuales norteamericanos la equiparan incluso con el alcoholismo o los narcóticos.

Hay algunos tipos de exceso de actividad sexual que tienen todos los rasgos de una adicción y que pueden tratarse de forma similar a otras adicciones. Como el alcoholismo y el juego, de acuerdo con un número cada vez mayor de terapeutas.Las personas que tienen este problema, y a las que se denomina actualmente "adictos sexuales", emplean generalmente el sexo como un narcótico psicológico. Se sienten impulsados a encontrar en el sexo alivio a sus sentimientos de ansiedad e inseguridad. Pero en cuanto acaba el clímax sexual se ven de nuevo abrumados por los mismos sentimientos y, nuevamente, impulsados al sexo, con Io que el ciclo se renueva. Según muchos expertos, ese ciclo es similar al de otras dependencias. Algunos terapeutas sexuales calculan que una de cada doce personas tiene este problema, mientras que otros especialistas dicen que es relativamente raro. La cuestión no es la preferencia sexual de cada uno, sino en que el sexo se convierta en el centro neurálgico de la vida, en una pasión arrolladora que se satisface a costa de sacrificar una vida normal, la carrera profesional, la familia o el matrimonio.

"Durante años, la terapia sexual se centró en las personas que tenían problemas por carencia de sexo, como la impotencia masculina o la frigidez de las mujeres, pero no hemos hecho ningún caso a aquellas personas cuyo problema es su dependencia sexual", dice el psicólogo Patrick Carnes, uno de los que opinan que hay ciertos tipos de comportamiento sexual que pueden considerarse adicciones.

Si bien la hipersexualidad en los casos de ninfomanía, donjuanismo y su equivalente homosexual es familiar en la literatura clínica, este nuevo enfoque considera que estos casos tienen mucho en común con un amplio espectro de otras pendencias.

Por ejemplo, el doctor Mark Schwartz, antiguo compañero de William Masters en el Instituto Masters y Johnson, de San Luis, en Estados Unidos, recuerda que "hace aproximadamente un año el doctor Masters y yo leímos un artículo sobre el tratamiento de drogadictos. Por aquella época estábamos tratando a un grupo de hombres que habían sido detenidos por incesto. De repente nos dimos cuenta de que todos estos condenados tenían todos los signos de ser adictos, pero no de las drogas, sino del sexo".

Síntomas de la adicción

Si bien la etiqueta de adicto sexual no es un diagnóstico formal, algunos terapeutas sexuales han empezado a trabajar en la identificación de sus características. El doctor Schwartz emplea una lista de 20 criterios para la clasificación de los pacientes en los diferentes grupos de tratamiento, entre los que figuran los siguientes:

1. Tener una preocupación sexual que interfiera con una relación sexual normal con el cónyuge o amante.

2. Sentirse impulsado a mantener relaciones sexuales de manera continua en un período breve de tiempo.

3. Un deseo irreprimible de realizar actos sexuales que provocan sentimientos de ansiedad o depresión, culpabilidad o vergüenza.

4. Emplear una gran cantidad del tiempo destinado a la familia o al trabajo en realizar actos sexuales o buscar aventuras sexuales.

5. Verse impulsado al sexo como excusa para esconder los problemas de la vida.

El doctor John Money, director de la Unidad de Investigaciones Psicohormonales de la Escuela Médica norteamericana John Hopkins, reconoce que había tenido muchos pacientes con problemas de este tipo: "Una mujer, por ejemplo, vino a la clínica y nos dijo: "Estoy todo el día en casa diciéndome que no voy a ir por la noche al bar del hotel y regresar a casa con un hombre desconocido. Pero todas las noches, a las nueve, estoy en el bar del hotel buscando un hombre que me acompañe a casa. Y todas las mañanas me despierto sintiéndome asqueada con él y conmigo misma".

"No hay duda de que hay mucha gente con este tipo de comportamiento que no lo consideran un problema. Una pareja acudió a nuestra clínica por un defecto hormonal de su hijo, no por su vida sexual. Pero, cuando les entrevisté, resultó que hacían el amor cuatro y cinco veces al día. Él sentía que necesitaba ese sexo para poder controlar cualquier pequeña tensión durante el día. Ella no tenía nunca un orgasmo. Y, en realidad, tanto sexo le hacía daño. Lo aguantaba para salvar el matrimonio".

"Estos problemas tienen la característica de una exigencia a la que no se siente incapaz de negarse. Su hipersexualidad supera a menudo su capacidad normal. Por ejemplo, un fetichista dijo que tenía hasta 10 orgasmos al día. No sabemos por qué tienen tal capacidad, pero estoy seguro de que algún día descubriremos que la neuroquímica subyacente es única". La masturbación es uno de los problemas más comunes.

El interés actual entre los profesionales de la salud mental fue precedido de un movimiento iniciado por antiguos miembros de Alcohólicos Anónimos que padecían también este problema sexual. Actualmente existen tres o cuatro organizaciones con nombres como Sexhólicos Anónimos y Adictos Sexuales Anónimos, que tienen cientos de grupos, con miles de miembros.

"Yo trato todo tipo de adicciones, y estos grupos de autoayuda son bastante eficaces", afirma

La adicción al sexo

Martha Turner, una psiquiatra de los servicios de tratamiento de adicciones de externos en el hospital del Instituto de Pensilvania, en Filadelfia. "Ofrecen apoyo y compasión. Un adicto recuperado tiene una credibilidad que no tiene ningún terapeuta. Pero no tienen los conocimientos de psicodinámica que pueden dar una cura más profunda a la persona".Las mujeres tienen más tendencia a la dependencia sexual de lo que generalmente se cree, según el doctor Carnes, quien ha calculado que la proporción de mujeres en sus grupos de terapia para adictos era de una de cada tres personas.

Cleptomanía y juegos

El doctor Carnes, que ha creado una prueba para identificar a las personas con dependencias sexuales, dice que su investigación muestra que el número de personas que tienen problemas de este tipo es de una de cada 12. Para otros, el porcentaje es más elevado, mientras que para la doctora Helen Singer Kaplan, directora del programa de sexualidad humana de la Cronwell Medical School, su experiencia clínica le ha demostrado que este problema no es tan común como se pretende mostrar.

"No existen datos fidedignos sobre el predominio de este tipo de problemas sexuales", dijo el doctor Robert Pitzer, presidente del equipo que ha redactado un manual oficial de diagnóstico psiquiátrico. "En primer lugar, todavía no se puede clasificar dentro de ningún diagnóstico determinado; podría encajar en varios. A algunas de esas personas se les podría clasificar en la categoría de parafilias, en la que se incluye a los travestidos y a los pederastas. Sin embargo, por ejemplo, hay una categoría separada para el hombre hipersexual: donjuanismo".

"El tipo adictívo, en general, encaja mejor en la categoría de desórdenes impulsivos, entre los que se incluyen la cleptomanía y el juego patológico", afirma el doctor Spitzer. "Existe un ciclo común que incluye una sensación de alivio y de placer al ejecutar el acto, seguida de un sentimiento de culpabilidad. Muchos especialistas consideran el problema como un desorden de la personalidad, y no como un desorden sexual".

Se podría argumentar a favor de una variante de diagnóstico independiente dentro del apartado de desórdenes sexuales, pero existen muchas dificultades. En primer lugar, hace falta determinar los límites de la sexualidad normal, cosa que no es fácil. Los límites están difuminados. ¿Dónde acaba la lascivia normal y dónde comienza el problema sexual?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 1984

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