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Entrevista:

"Engañé a Hitler porque era el enemigo implacable de la libertad"

Juan Pujol García, un catalán nacido en la calle de Muntaner de Barcelona hace 72 años, tiene aspecto de comerciante jubilado y su expresión es tan bondadosa como la de esos abuelos rodeados de nietos entre los que repartiera caramelos de limón y alguno de fresa. Su aspecto inofensivo no permite siquiera sospechar que este hombre de 1,60 metros de estatura, orejas puntiagudas y ojos transparentes, fue capaz de engañar a Hitler y aunar su inteligencia con la sangre de tantos mártires del nazismo, europeos, soviéticos y americanos para hacer le perder la Segunda Guerra mundial a aquel cabo loco que sediento de sangre la empezó. Juan Pujol García es uno de los 22 hombres que conoció con antelación el lugar y la fecha del desembarco aliado en Normandía, pero fue el único capaz de persuadir a Hitler de que aquel desembarco sólo era una maniobra de diversión. Su mentira fue decisiva. Decenas de miles de hombres y mujeres de todo el mundo, sin saberlo, deben sus vidas a este catalán. Durante los cuarenta años posteriores a la Segunda Guerra, ha permanecido en el anonimato. Hoy quiere conversar.

RAFAEL FRAGUAS En el duro, dual y feroz mundo del espionaje triunfar es casi impensable. Sobrevivir, imposible Juan Pujol García triunfó entonces. Hoy, tanto tiempo después ha sobrevivido.

Pregunta. ¿Cómo lo hizo?

Respuesta. Construí una red de agentes, completamente inventada, que trabajaba a mis órdenes desde el interior del Reino Unido y pasaba información al servicio secreto alemán. Mi red tenla 17 agentes -llegó a tener 20 en total- y estaba compuesta por secretarias de ministerios, empleados, administrativos. Todos imaginarios. Incluso llegué a contar con un piloto. Sus denominaciones, en código, eran la V y un número. Mediante esta red, poco a poco, en un laborioso esfuerzo logramos conseguir la confianza del servicio secreto alemán. Una vez lograda, las condiciones para intoxicarlo estaban dadas, y eso fue lo que hicimos.

Fui el único no anglosajón, por supuesto el único español también, que estaba al tanto del desembarco aliado en las playas normandas. Seis meses antes de aquel 6 de junio de 1944 fui informado de ello, y a partir de entonces comenzamos a preparar febrilmente un plan para hacer viable el desembarco engañando a Hitler hasta confundirlo del todo. Yo contaba con el apoyo del servicio secreto británico, para el que trabajaba por voluntad propia pese a que en dos ocasiones rechazó mi oferta de incorporarme a sus filas desde el interior mismo del servicio secreto alemán".

Juan Pujol, en ocasiones, esboza una sonrisa pintada de malicia infantil y luego ríe abiertamente. Con su acento catalán aderezado por una mirada viva, cargada de luz, es capaz de confundir una fecha histórica, pero puede recordar a la perfección un detalle nimio.

"El plan era el siguiente. Mi red tenía que suministrar con antelación a Hitler la información siguiente: el desembarco aliado se producirá por Pas de Calais, en la costa francesa más próxima al Reino Unido, e irá precedido de un amago de desembarco por Normandía que será una maniobra de diversión con cierto empaque. A mí se me encomendó trasmitir a Berlín esta información, fíjese bien, seis horas, seis, antes de iniciarse el desembarco de Normandía".

'Era la única forma de que Hitler tragara el anzuelo'

P. Pero era muy arriesgado....

R. Claro que lo era, pero no podía ser de otro modo. Era la única forma de que Hitler tragara el anzuelo, destripar el desembarcó de Normandía antes y decirle que el de verdad sería después. De tal modo que los alemanes, convencidos de que el desembarco de verdad sería por Pas de Calais, y pese a estar informados previamente del de Normandía, no reforzaron las guarniciones de las playas normandas y concentraron sus tropas en Calais, donde, naturalmente, nunca habría desembarco alguno.

P. ¿Cómo no se dieron cuenta de la trampa que usted les había tendido?

R. Porque la historia que les habíamos contado era verosímil. Al no reforzar militarmente las defensas de Normandía y desarrollarse por las playas normandas el verdadero desembarco, los alemanes perdieron unas horas decisivas que ya nunca, pese a su tenaz resistencia, lograron recuperar. Horas después de iniciado, los británicos y los norteamericanos lograron consolidar varias cabezas de playa de las cuales resultaba ya imposible desalojarles. El tiempo precioso que los alemanes desperdiciaron les fue fatal. La suerte estaba echada para ellos. Ésa fue mi pequeña contribución a la historia del siglo XX.

Juan Pujol García experimenta un momento de plenitud, pero al poco la tristeza inunda su rostro. "Si viera usted qué pena que me dió cuando esta primavera ví por primera vez en las playas normandas las enormes ristras de cruces de los que allí cayeron, la amargura y el coraje de no haber podido salvar también a aquéllos...".

P. Sin embargo ... usted salvó a muchos más.

R. Ah, sí, eso sí, dice apagando un sollozo a medio hacer, mientras mira al suelo con rubor. ¿Usted se imagina que no hubiéramos conseguido engañar a Hitler, ...la cantidad de vidas humanas de aliados y también de alemanes que la continuación de la guerra se habría llevado por delante?. Hubiera sido espantoso, pero lo logramos", afirma con un orgullo indescriptible.

En su rostro ha reaparecido la sonrisa. "Mire", agrega con interés, "pues aquello no acabó allí. A los servicios secretos alemanes les hice todavía algo más de pupa y volví a tomarles el pelo". No puede contener la risa, que luego restringe. de golpe.

"El casó es que después de que el desembarco de Normandía se consolidó, como era de esperar, los alemanes me pidieron cuentas de la información que les había dado. Yo, muy tranquilo, les di una explicación coherente: el desembarco por Normandía era inicialmente una maniobra de diversión, pero el éxito de su propio curso hizo que el alto mando aliado decidiera convertirlo, sobre la marcha, en el desembarco principal y único, al igual que la incompleta resistencia de los alemanes hallada allí por parte de los aliados.

P. ¿Y los alemanes creyeron esa historia?

R. ¡Cómo que si la creyeron!. Totalmente. Era una explicación plausible. Hombre, lo creyeron tan a pies juntillas que cuando terminó la guerra yo acudí a Madrid a visitarles y conseguí del servicio secreto alemán 25.000 pesetas, entonces una pequeña fortuna, para ocultarme y huir a América Latina.

P. No es posible.

R. Tan posible como que ahora estoy aquí con Usted.

P. ¿Le pidieron luego algo a cambio?

R. No. Todo había acabado para ellos. Cada cual buscó como pudo la mejor fuga. Muchos viajaron a América del Sur y han,vivido allí hasta ahora.

'Decidí empezar una nueva vida en Suramérica'

P. ¿Por qué razón ha permanecido Usted oculto durante 40 años desde entonces?

R. Bueno, lo que había que hacer fue hecho y yo decidí empezar de nuevo otra vida. Se me ha asegurado que la mayor parte de mis jefes nazis ha muerto. Al terminar la contienda fui condecorado como Miembro del Imperio Británico en una ceremonia secreta. Con Tommy Harris, el jefe de la sección ibérica del servicio britá-

"Engañé a Hitler porque era el enemigo implacable de la libertad"

nico de contraespionaje, emprendí un viaje a América, desde Canadá hasta el Sur, pasando por Estados Unidos.Recuerdo que en una ocasión, en Washington, comimos con el jefe de la CIA (entonces aún Organización de Seguridad OSS) Allen Dulles, hermano de Foster Dulles.

P. Pero ¿los americanos le conocían?

R. Allen Dulles sí sabía de mis andadas. Quería conocerme.

P. De Tommy Harris se dijo que podía haber sido el quinto hombre del grupo de espías introducido en el servicio secreto británico que trabajaba para la Unión Soviética, con Harold Kim Philby a la cabeza.

R. Mire, eso no era posible. No lo creo en absoluto. Tommy Harris era mi amigo. Me lo habría dicho. Él no era comunista. Sencillamente, era muy amigo de Kim Philby y éste le engañó.

P. Pero lo mismo que le pasó a Harris con Philby podría haberle pasado a usted con Harris....

R. Mire, Tommy era un amigo de verdad, además de ser un caballero. Él me quería y siempre me guardó un afecto profundo. Conocía España mejor que nosotros, hablaba un español perfecto y era posiblemente el mejor conocedor de Francisco de Goya de todos los críticos que haya habido en el mundo. Yo, después de la guerra, lo ví en Mallorca, en su casa. Años después, él era el único que sabía que yo me había ocultado en Venezuela. Pero él murió en un accidente de automóvil cuando conducía su propio coche. Su mujer, que viajaba con él, salió despedida unos 20 metros y se salvó.

P. Señor Pujol, ¿por qué lo hizo? ¿Qué motivos le llevaron a engañar a los nazis de aquella manera?

R. Lo hice por mi padre.

Las lágrimas acuden a sus ojos abruptamente, traídas por una emoción que le abrasa.

"Cuando éramos pequeños mi hermano y yo, mi padre nos educó en un clima de libertad, de tolerancia y de amor a los demás. El nazismo era el enemigo implacable de toda aquella bondad que habíamos aprendido de labios de mi padre, del amor de mi madre".

"Por eso lo hice. Tantos asesinatos, tantas muertes, tanta inhumanidad. Yo no soy judío, pero lo que los nazis les hicieron era una monstruosidad tan gigantesca que era preciso no ahorrar el esfuerzo de acabar con ello a cualquier precio....

Uno no puede establecer bien a qué se debe, pero Juan Pujol consigue hacer fluir una corriente de simpatía, sesgada solo por la duda de si uno no será, también, objeto de su engaño. Su personalidad, a caballo entre la zancadilla y la hazaña, entre el maquiavelismo a la española y la gloria, posee una rara dignidad ancestralmente guardada como un tesoro. Junto con un puñado de contraespías y espías que no sobrevivieron, la figura de Juan Pujol García, que tiene la laboriosidad de un tendero catalán y la grandeza de un hombre libre, forma parte de la historia del siglo XX.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 1984

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