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REPORTAJE

Agnes Heller: "No tiene interés la tecnología que no nos ayude a mejorar la calidad de vida

Dos de los actuales pensadores marxistas más conocidos en el mundo occidental, el polaco Adam Schaff y la húngara Agnes Heller, están aplicando en los últimos tiempos sus conocimientos teóricos al análisis de las nuevas formas de vida social y los cambios en la relación de fuerzas productivas que está causando la revolución tecnológica. Los dos autores tienen en común que su pensamiento es de inspiración marxista. Defienden también que no existe un análisis específico marxista de la llamada sociedad de la información. Los dos, disidentes en distinto grado de los regímenes de sus respectivos países, han coincidido recientemente en el marco de las actividades de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander. Schaff ha analizado las consecuencias sociales de la revolución microelectrónica. Heller ha participado en un curso sobre la ética de la sociedad civil. Schaff y Heller han conversado con un enviado especial de EL PAÍS a Santander.

Apartada de la vida científica oficial húngara por su radical disidencia con el partido comunista de su país, Agnes Heller, nacida en Budapest en 1929, se gana la vida como profesora de Sociología en la universidad australiana de La Trobe. Una de las áreas preferidas de su reflexión es la vida cotidiana, por eso ha estudiado las repercusiones de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Para ella el problema de la sociedad actual es fundamentalmente de calidad. "No tienen interés aquellas tecnologías que no nos ayudan a mejorar la calidad de vida", dice.El prestigio profesional le ha llegado a Agnes Heller no sólo porque fue una de las alumnas predilectas y ayudante de György Lukács en la Escuela Marxista de Budapest, sino también por las obras que ha escrito, entre las que se encuentran La ética de Aristóteles, El hombre del renacimiento, Hipótesis para una teoría marxista de los valores, La revolución de la vida cotidiana, La teoría de los sentimientos, Sociología de la vida cotidiana...

Dice que no le gusta que la califiquen como marxista "porque el ismo siempre entraña un cierto dogrnatismo", pero admite que la inspiración básica de su pensamiento llega de Marx. "El marxismo no es una parcela cerrada. Hay personas que se consideran marxistas y sin embargo tienen más cosas en común con los liberales. La teoría social no es una religión ni una simple afirmación de fe".

Metida en el análisis de las consecuencias de las nuevas tecnologías Heller explica que el carácter progresivo o regresivo de las mismas depende de los criterios que se apliquen a este análisis. "Si medimos el progreso por la producción per cápita entonces las innovaciones tecnológicas suponen un progreso evidente, pero nos encontramos con otra cosa diferente si el progreso lo medimos por la mejora de la calidad de vida. No todas las tecnologías nos ayudan a mejorar la calidad de vida".

La pensadora húngara mantiene que puede hablarse de calidad de vida en relación con la nueva tecnología cuando existen expectativas de mejorar la vida para todos y no sólo para unos pocos y cuando esta mejora de la calidad de vida es el resultado de las decisiones libres de todos.

Aplicación a la vida cotidiana

En las fases de aplicación de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana Agnes Heller distingue las diversas formas -biotecnología, microelectrónica y energía nuclear-. "La biotecnología (ingeniería genética, niños probeta ... ), que toca el centro mismo de la vida humana, puede tener un impacto positivo o negativo. Se mezclan aquí cuestiones legales y morales que están por discutir".La tecnología derivada de los ordenadores puede tener, según Agnes Heller, consecuencias muy positivas aplicada a instituciones, a la producción de los servicios, etcétera "pero puede ser peligrosa si sólo se utiliza para lograr los fines de aquellos que detentan el poder. Frente a todo esto una solución puede ser la autogestión". La pensadora húngara considera que una de las consecuencias negativas de la revolución microelectránica es el desempleo. "El paro no es maravilloso; todo lo contrario, es malo. Sobre todo porque el parado no ha optado por la desocupación; ésta le ha sido impuesta". "La tecnología nuclear en sus dos vertientes posibles -energía nuclear y armamento nuclear- es una potencia destructora que puede llegar al desastre total". En este sentido no cabe hablar, según Agnes Heller, en ningún momento de cualidades progresistas de la energía nuclear. "Para salvarnos de la destrucción total la única solución pasaría por la autelestión de los países en esta materia"

Heller sostiene que los cambios más sustanciales que ha experimentado la sociedad en los últimos años no son consecuencia fundamental de la tecnología sino del desarrollo de la democracia. Señala, al igual que Adam Schaff, que no hay una explicación marxista y otra capitalista del tema de las nuevas tecnologías sino diferentes aplicaciones cuantitativas. "En las mal llamadas por los americanos sociedades que practican el socialismo real (países del Este) y que tienen una estructura social anticapitalista y antidemocrática las tecnologías son un instrumento de control político y social, mientras que en los países capitalistas ejercen un control económico".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 1984