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Reportaje:Preparativos de los Juegos Olímpicos de Los ÁngelesLos Juegos de las Olimpiadas: Moscú-80 / y 19

Los 15 minutos de Vladimir Salnikov

En el mes de diciembre de 1979, carros de combate, aviones y tropas de la Unión Soviética invadieron Afganistán, nación que se había salido de la órbita ideológica y política de la URSS. Ocho meses más tarde, en julio de 1980, debía comenzar el mayor acontecimiento deportivo de la historia: los Juegos Olímpicos de Moscú. El presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, lanza un ultimátum a Leonid Breznev: el país norteamericano no acudirá a los Juegos Olímpicos y propondrá a todos sus Estados amigos que hagan lo mismo si los soviéticos no se retiran de Afganistán antes del 20 de febrero. En la fecha fatídica, el boicoteo se consuma. Un total de 57 países secundan la posición estadounidense, entre ellos potencias deportivas como la RFA, Japón y Canadá. Con el boicoteo, alrededor de la mitad de las medallas (el total era de 629) quedaron devaluadas, pues grandes favoritos no participaron. Esto ocurrió fundamentalmente en atletismo y natación, los deportes reyes de los Juegos. A pesar de todo, en Moscú fueron batidos 36 récords mundiales y 74 olímpicos. Por ello, y por la presencia de gran número de importantes países que no secundaron a Carter, los Juegos Olímpicos sobrevivieron.

E. B., En la capital soviética, la URSS se llevó 194. medallas (80 de ellas de oro); la RDA obtuvo 127 (47 de oro), y en tercer lugar, a distancia abismal, quedó Bulgaria, con 41 medallas (ocho de oro). Pero la actuación de los soviéticos no será recordada por la acaparación de galardones, sino por la proeza del primer hombre que nadó los 1.500 metros en menos de 15 minutos: VIadimir Sa1nikov. Los demás nadadores no pudieron seguirle. Quizá estaban entristecidos porque se habían quedado sin la que iba a ser bebida oficial de los Juegos Olímpicos: la coca-cola. Carter no tuvo piedad tampoco con los deportistas no norteamericanos y amablemente pidió a las empresas concesionarias de Estados Unidos que no vendieran sus productos en la Unión Soviética. El resultado fue que los participantes se quedaron, además, sin chicles y pantalones Levi Strauss.

Tres veces campeón olímpico en Moscú, Salnikov nació el 21 de enero de 1960 en Leningrado. Hoy sigue siendo el mejor nadador del mundo en las largas distancias, imbatido desde los Campeonato! de Europa de 1977, celebrados en Jongkoeping. En la capital soviética bajó, por primera vez, de los 15 minutos en 1.500 metros, batió así el récord mundial que el norteamericano Brian Goodell había establecido en los Juegos Olímpicos de Montreal, con 15,02.40.

Desde entonces ha roto la barrera del cuarto de hora cinco veces más, por ninguna de sus contendientes. Su progresión ha sido realmente fabulosa. Su mejor marca la consiguió el 19 de diciembre de 1982, en la ciudad sueca de Gotemburgo. En aquella ocasión, aunque fuera en piscina de 25 metros, nadó su distancia favorita en 14.37.60; es decir, que mientras los demás aún se debatían en el largo final, él ya se había metido entre el público para ver quién llegaba segundo.

Acelerar al final

Salnikov era uno de los que aspiraban a ganar medalla en la prueba de 1.500 metros. Dos días antes de aquel 22 de julio de 1980, Sa1nikov había vencido en los 400 metros, con récord olímpico, pero, a pesar de todo, no se le daba como seguro campeón en la siguiente carrera. Adversarios peligrosísimos iban a ser el también soviético Krilov, el yugoslavo Petric y el australiano Metzker. Ninguno representó prácticamente nada para Salnikov. Él competía solo.

En la piscina moscotiva donde se produjo por vez primera el milagro, con su nadar rectilíneo e incansable y su famosa respiración bilateral, cada tres brazadas, se destacó pronto de sus rivales, y el único que le aguantó 700 metros fue el español Rafael Escalas, que pagaría cara su osadía al final, al ser superado por otros cuatro nadadores. Su táctica era completamente opuesta a la de los demás: él no nadaba de modo regular los primeros 800 metros, para intentar llegar luego en un buen tiempo, rebajando un poco el ritmo. Salnikov nadó de un modo regular los 800 metros, sí, pero lanzó luego un sprint que le hizo nadar más rápido la segunda parte de la carrera.

Este sistema fue el que le inculcó su primer entrenador, Gleb Petrov, quien le cogió a su cargo cuando VIadimir contaba sólo nueve años. El estilo fue recogido y continuado por Igor Koshkin, su segundo y actual preparador. "Tuve controlada la carrera de principio a fin", afirmó Salnikov tras ganar la prueba. "Yo he de ser superior para que me sigan, y como soy superior no le doy ventaja a nadie. La táctica no tiene ciencia, consiste en luchar a tope dosificando el esfuerzo".

Entrenador al agua

Sobre el agua, el soviético fue un auténtico, metrónomo. Hizo exactamente 59.80 segundos en cada fracción de 100 metros, hasta los 800, para comenzar a rebajar cada vez más el tiempo y registrar 14.58.17. Koshkin, dando saltos de ale a al borde de la piscina, no lo dudó un momento: con chaqueta, camisa, pantalones, corbata y zapatos se lanzó al agua para abrazar a VIadimir y depositarle en la mejilla un folklórico beso a la soviética.

Para redondear su actuación, un día más tarde Salnikov nadó el segundo relevo de los cuatro con que la URSS ganó la medalla de oro de los 4X200 metros libres. En total, VIadimir se llevó tres medallas de oro, lo que hizo que alguien le comparara con Mark Spitz, quien obtuvo siete del mismo metal en los Juegos Olímpicos de Munich. "¿Mark Spitz? Es, junto con Don Schollander, mi mayor maestro e ídolo. Pero hay una pequeña diferencia: mis tres medallas no representan nila mitad que sus siete".

Pesa 71 kilos y mide 1,84 metros, y su perfecta anatomía le permite aún hoy, a los 24 años, continuar entrenando todos los días seis o siete horas. Le encanta deslizarse en la vieja piscina del Cangrejo, el club que vio cómo daba sus primeras brazadas mientras escucha música clásica o rock. Cuando compite acostumbra a leer entre prueba y prueba. Para completar su entusiasmo natatorio, Salnikov, que antes de conocer a Petrov tenía pánico al agua, se casó en 1982 con una mujer cuyo nombre sólo podía ser uno: Marina.

El matrimonio no le restó dedicación, porque meses más tarde, en Guayaquil, se llevó para Leningrado los títulos mundiales de las que, evidentemente, son sus pruebas privadas: 400 y 1.500 metros. En 1983 fue campeón de las dos distancias en la Universiada de Edinonton y en el Europeo de Roma.

Cos y Ovett

Tres veces, dos de ellas en Moscú, se han enfrentado en su vida Sebastian Coe y Steve Ovett, una pareja británica que se alterna la posesión de los récords mundiales de la milla, 800 y 1.500 metros desde antes de los Juegos Olímpicos de 1980. Por esta razón, su rivalidad, al principio la normal entre dos deportistas que luchan por vencer, se ha convertido en una encarnizada disputa personal. Cada uno parece tener miedo a enfrentarse con el otro en la misma prueba, e incluso llegarían a evitar mirarse si se encuentran por la calle.

Coe es más joven y más bajo que Ovett. Tiene menos triunfos que Steve, pero ostenta más récords. Antes de los Juegos Olímpicos de Moscú, Steve estaba dispuesto a que Sebastian siguiera teniendo menos victorias que él, y además a que perdiera también sus marcas. Ovett es el antipático, y acusa a la Prensa de su país de apoyar más a Coe, llevada quizá de un sentimiento paternal hacia la mala, suerte del simpático, que es rara la vez que no enferma cuando se acerca un campeonato importante.

En Moscú, Ovett ganó la primera baza al imponerse en 800 metros, prueba en la que Coe tenía el récord mundial. Coe se tomó la revancha y venció a Ovett en 1.500 metros, donde era Steve el plusmarquista mundial. Aquellas dos carreras harán historia en el olimpismo porque será difícil que vuelve a repetirse la pasión que hubo en ellas.

El azar hizo que no se enfrentarán en las pruebas clasificatorias, sino en las dos finales. En 800 metros, tras un codo a codo impresionante a lo largo de toda la prueba, una mirada fulminante e indignada de Ovett en la última curva antes de entrar en la recta final hizo que Coe se empequeñeciera y llegara segundo. Pero en 1.500 metros, Sebastian no cayó de nuevo en la trampa de Steve: comenzó a tirar del pelotón desde el principio y sólo dirigía su vista al frente. No pudo ver así cómo su compatriota también era superado por el alemán Straub.

La vida por un 'tocado'

La ficción de duelo que representa una competición de esgrima se convirtió en realidad el 26 de julio de 1980 en una de las villas olímpicas de Moscú. El soviético VIadimir Lapitski y el polaco Adam Robak disputaban un encuentro de florete. La pelea transcurría con mucha igualdad entre los contendientes, y ambos eran favoritos para alzarse con el triunfo final en la especialidad.

Pero en uno de los lances Robak lanzó su arma contra la cabeza de su adversario. El florete se enganchó en la careta de protección de Lapitski y se partió. En una décima de segundo, el soviético intentó evitar la colisión con el cuerpo de su contrario y dio un brusco giro hacia la derecha, dejando el costado de frente al polaco. Robak, al no encontrar oposición por haberse apartado VIadimir, cayó con la hoja rota del florete hacia adelante. El. arma penetró a la altura del omóplato de Lapitski y destrozó todo lo que encontró por delante, hasta salir por el pecho del soviético, cerca del corazón.

Bañado en sangre, las asistencias médicas recogieron a Lapitski y le trasladaron, en una vertiginosa carrera en ambulancia, hasta un hospital de Moscú, donde, tras cinco horas de operación a vida o muerte, consiguieron salvar al herido. Mientras tanto, Robak quedó arrodillado sobre la pista, desolado por lo acontecido. El polaco se retiró a los vestuarios y reapareció al día siguiente, donde fue barrido por su siguiente adversario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 1984

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