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A Felipe González no le parece mal la 'operación Roca'

En la primera reunión celebrada por el jefe del Gobierno con dirigentes de su partido tras la presentación de la querella por el caso Banca Catalana, Felipe González admitió la posibilidad de una pérdida de respaldo electoral de los socialistas como consecuencia de la situación creada. Asimismo declaró su no beligerancia contra la llamada operación Roca, de la que dio a entender que lleva en su seno gérmenes de inestabilidad. Estas manifestaciones se produjeron en la primera reunión celebrada por el jefe del Gobierno con una nutrida representación de su partido tras las convulsiones ocasionadas por la querella.

Al explicar a los dirigentes del PSOE las razones de la actuación gubernamental, Felipe González utilizó argumentos que trataban de dar la vuelta a las acusaciones de los nacionalistas catalanes respecto a la falta de ética del Gobierno socialista. Según la versión del presidente, el Ejecutivo habría emprendido tales actuaciones precisamente con la finalidad de defender la democracia, evitar que cunda la impresión de que el poder socialista e_s una tapadera para la corrupción o las irregularidades, etcétera.

"Por un caso así de moralidad merece la pena incluso que el partido socialista pierda votos", dijo el presidente del Gobierno en cita que según varios de los asistentes es textual. Argumentó también -y volvió a repetir después este punto en comparecencias públicas- que poner obstáculos a las investigaciones habría representado un riesgo aún mayor que su puesta en marcha.

Experiencia nacional desde la periferia

Este análisis se produjo días después de las acusaciones lanzadas por Miquel Roca contra Felipe González, responsabilizando a este último de haber utilizado a la justicia con fines políticos.

Después del ataque de Roca, la primera réplica socialista -a cargo del portavoz de Prensa del PSOE, Pedro Bofill- se realizó en estos términos: "Al parecer, algunos reformistas pretenden que se mantengan los comportamientos franquistas en el funcionamiento de las instituciones". Tras este comienzo de hostilidades, ampliado con nuevos cruces de argumentos entre otros dirigentes, Felipe González trató de ampliar el consenso de la maquinaria de su partido hacia la actuación gubernamental, así como a disipar los rumores de que laquerella es una carga de profundidad contra la llamada operación Roca.En esta parte de su análisis, el presidente del Gobierno dijo que "el PSOE no puede ser obstáculo a otros proyectos de modernización de España desde la periferia", entendidos como la posibilidad de que "partidos que han hecho experiencias regionales intenten ahora una experiencia nacional".A renglón seguido dio a entender su escepticismo sobre la estabilidad interna de dicho proyecto, al preguntarse cómo serán capaces dichos partidos de conciliar luego los distintos intereses periféricos representados por cada uno de ellos. "La suma de las diversas aspiraciones regionales habrá de terminar en una homogeneidad necesaria en toda estructura nacional", agregó.Pese a esta técnica de enffiamiento de tensiones, en algunos despachos socialistas se prepara armamento de reserva para enfrentarse a la hipótesis de nuevas reacciones nacionalistas. Medios de la dirección del Partido Socialñista Obrero Español sugieren que la querella es "sólo una" de las investigaciones en marcha respecto a aspectos relacionados con la gestión financiera de dirigentes del nacionalismo catalán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de junio de 1984