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Tribuna:

Así están las cosas

Los chicos crecen y cada convocatoria electoral se asoman a las urnas las papeletas de nuevas promociones dieciochoañeras, que empiezan a decir esta papeleta es mía. En Cataluña gran parte de ese voto fue a parar a Jordi Pujol, y de haber votado muchachos de 17 y 16 años, la victoria del nacionalismo pujolista habría. sido mayor. Hace un año, aún en alto el palio bajo el que sé paseaba la mayoría absoluta socialista, parecía como si el nacionalismo catalán estuviera en declive, sin que entonces se tuviera demasiado en cuenta el hecho incontestable de que Covergència i Unió había mantenido en alza el voto en las elecciones generales. Pero la aplastante hegemonía del PSOE llevó incluso a algunos comunistas catalanes a plantearse si no estarían equivocados manteniendo una alternativa de catalanismo popular, si no había llegado a su techo la reivindicación nacional y el PSOE estaba recogiendo los frutos de su mayor lucidez en este análisis.Pero los dieciochoañeros catalanes han votado a Pujol y no se han censado todos los factores que fomentan el renacimiento en abril de estas lilas sobre la tierra muerta. De la discoteca al pujolismo y del pujolismo al paro, los jóvenes catalanes ven de cuando en cuando Televisión Española y descubren que sólo acierta en el parte meteorológico cuando se refiere a Madrid, o que la operación retorno sólo menciona las dificultades para volver a Madrid, o que los locutores de fútbol de TVE gritan goooooooooooooool cuando el gol lo recibe el Barça y un discreto gol de infarto íntimo cuando el gol lo marca el Barça, o que las cámaras de TVE cuando retransmiten finales de baloncesto des de el pabellón deportivo del Real Madrid ofrecen una orgía rojigualda sobre el grito de fondo de Catalunya es una puta, coreado por los patriotas locales, o que en la final de Copa de fútbol tal como la vio TVE no hubo otro agresor que Migueli, ni otros lanzadores dé ovni que los seguidores barcelonistas, ni más fotogenia que la de Clemente. Claro que TVE tiene un guerra privada con la directiva de Núñez y ha querido castigar al imprevisible presidente azulgrana por su decisión de poner obstáculo a las cámaras capitalinas, pero con esa guerra privada anti-Núñez, TVE ha conseguido nacionalizar a Núñez en Cataluña y crear conciencia de marginado a un público que se ve o maltratado o no tratado. En un telediario se dice que alguien ha encontrado la manera de evitar o prevenir inundaciones ... ".... como las que padecieron el País Vasco y Valencia". Al informador se le olvida que Cataluña padeció por entonces gravísimas riadas que arruinaron a muchos pueblos de Lérida. O se le olvida o lo omite voluntariamente, porque como a Cataluña le sobra el dinero para tirarlo fichando delanteros argentinos y centrocampistas alemanes, ya se apañará con sus ríos, sus muertos, sus destrucciones.

Pocos días antes de la final de Copa, en el programa de Íñigo se vio que Clemente y el Bilbao les eran más simpáticos al público de Prado del Rey que Menotti y el Barça. Clemente, en su prepotente actuación durante el programa La clave, prepotencia que nadie tuvo el valor moral de corregir in situ, se permitió incluso el lujo de sumar los 50.000 seguidores bilbaínos y los 20.000 espectadores madrileños a la hora de protagonizar una supuesta caza del seguidor barcelonista, caza que, sisternáticamente, por fortuna, no se dio. Y es que Clemente lo dijo inuy certeramente. Le es más simpático el Madrid. Y a según quien le es más simpático el nacionalismo vasco que el catalán, y si me apuran el separatismo vasco que el catalán, porque el uno pone bombas, sí, pero el otro picotea poquito a poquito, y puestos a escoger es preferible la entrada al choque que el regateo fenicio. Además, a los catalanes se les nota más el acento cuando hablan en castellano.

Yo no sé si los 50 años próximos de pujolismo en el poder que se avecinan se van a deber más al proceso incoado a Pujol por "apropiación indebida" o a ese rosario de torpezas y omisiones cotidianas que están reconstruyendo el muro de silencio entre Cataluña y Madrid. Es posible, no lo aseguro, que objetivamente tenga más importancia el sumario que la pequeña chapuza continuada. Pero me atrevo a asegurar que si el vicepresidente Guerra no se hubiera paseado por Cataluña en baja forma, lejos, muy lejos, de aquel esplendor verbal,que le caracterizaba durante la oposición, y no hubiera dicho las inutilidades electorales que dijo y si TVE no se hubiera empeñado en meterle goles a Núñez y si los redactores de los telediarios bajaran de vez en cuando de la espléndida luna de Madrid y se dieran cuenta de que es la misma luna que la de Barcelona, Bilbao o Crevillente, la decisión de encausar a Pujol no habría sido lluvia sobre mojado, no habría pillado la sensibilidad pública catalana tan generalizadamente anticentralista como para situar al señor Burán Barba bajo toda clase de sospechas, hoy, mañana, para siempre, ya pase lo que pase.

Ahora la batalla de agravios no hay quien la pare y está en las manos de Pujol el no convertir la indignación popular en un problema de orden público de esos que pasan a la historia como el bombardeo de Barcelona a cargo de Espartero. Si el honorable Pujol y su esposa, doña Marta Ferrusola, quieren asumir el papel de Perón y Evita agraviados, con las vestiduras desgarradas ante la solidaridad dolorida de cientos de miles de personas, repito, de cientos de miles de personas, el presidente del Gobierno se vería obligado a demostrar que el PSOE es, con el ejército, una de las dos únicas fuerzas vertebradoras del Estado español. El uno y el otro. O los dos juntos, quizá. Lo cierto es que cuantos hemos sido víctimas del lenguaje judi-

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cial sabemos que cantar Asturias patria querida o gritar Huelga general podía significar en 1962 un proceso por Rebelión militar por equiparación, y mostrar en un revista las carnes libres de cualquier ser humano se convertía en un delito por escándalo público. Estamos vacunados pues ante la pobreza semántica del lenguaje judicial y cuando escuchamos una fórmula jurídica como apropiación indebida la atribuimos a la poquedad semántica de la jerga del poder judicial y tan tranquilos. Pero las masas, pobre gente, no tienen esta experiencia, ni esta capacidad de análisis, no disponen de alambiques lingüísticos y cuando se les dice que un señor al que acaban de votar mayoritariamente ha practicado la apropiación indebida tienen la impresión de que le están llamando ladrón.

De Pujol se podrá pensar que ha sido un mal banquero, que es de la derecha camuflada o que es feo, pero nadie, absolutamente nadie en Cataluña, sea del credo que sea, puede llegar a la más leve sombra de sospecha de que sea un ladrón. Podrá decirse que todos los españoles somos iguales ante la ley y hay quien está dispuesto a echarse a llorar emocionado por esa creencia. Pero el PSOE, precisamente el PSOE, es el partido de la izquierda más sensible al posibílismo y ha de saber que cuando arremete contra Ruiz-Mateos lo hace contra un hombre solo, abandonable por la banca, el Opus, el Vaticano y la Providencia. Pero cuando se arremete contra Pujol a las pocas semanas de la derrota electoral padecida por el PSOE en Cataluña y utilizando procedimientos y lenguajes tecnocráticos que pueden sonar a descarga de ley de fugas, una de dos, o se quiere provocar un conflicto nacionalista de fondo, al borde del abismo, o se actúa desde una prepotencia de señoritos tecnócratas con más teléfonos que cerebro.

Afortunadamente, creo, el señor Pujol, pasado un primer momento de reacción caliente, habrá vuelto a las andadas del seny y habrá comprendido que a la larga sólo le pueden pasar dos cosas: o ser un mártir sobreseído o absuelto o ser un mártir condenado. Sólo me queda la duda de saber, tal como está y estará el clima emocional en Cataluña, cuál de los dos posibles le daría más votos. Yo creo que el segundo. Yo creo que si condenan a Pujol saldría elegido presidente de la Generalitat, jefe de la Minoría Catalana en Madrid, presidente del Barla, premio Nobel de la Paz y lo que haga falta. Y ya no quiero pensar en lo que puede pasar si continúa la guerra TVE-Núñez.

Que así están las cosas, muchachos. A ver si os enteráis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de mayo de 1984

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