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Tribuna:

La extrema popularidad de Rafael Pérez y Pérez

Rafael Pérez y Pérez, el más popular novelista español de los años 30, murió el pasado lunes en Cuatretondeta, Alicante, donde nació en 1892. Pérez y Pérez escribió entre 1930 y 1975, un total de 160 novelas, que fueron traducidas a 22 idiomas, alcanzando una cifra de ventas de más de cinco millones de ejemplares, es decir más que la Biblia en castellano. Su popularidad en España, pero también fuera de nuestras fronteras, fue enorme, pero las gentes de nuestras letras nunca le consideraron como uno de los suyos, tal vez porque vendía muchos más libros que ellos.

Un escritor español que estuvo en Estados Unidos relataba cómo alguna vez un interlocutor culto le decía:-¡Ah, escritor español! Como Pirisenpiris...

Le produjo una cierta irritación descubrir que bajo esa pronunciación había un nombre del que él renegaba: Pérez y Pérez. Caray, el hombre que había escrito Madrinita buena resultaba internacional. La generación americana de unos años atrás era la de Blasco Ibáñez y, sobre todo, sus Cuatro jinetes del Apocalipsis.

La siguiente descubría el amor sentimental con Rafael Pérez y Pérez. Bastantes años más tarde, en París, el editor Pigasse -famoso por la colección La Masque, pero también por algunas ediciones de bibliófilo, por libros especiales me preguntaba en ocasiones mi opinión acerca de la señora Linares Becerra.

-No la tengo ... No la he leído...

-Hace usted mal ... Yo voy a editar sus obras completas traducidas al francés.

Esperanza sin esperanza

Pérez y Pérez, con su prosa de maestro de escuela -versión de hace cincuenta, sesenta años-, pulcra y con las comas en su sitio -preferentemente, muchas-, dio ánimos para seguir adelante a millones de obreritas, de lo que se llamaron menestralas -palabra y oficios perdidos-, para perseverar en su virtud y esperar confiadamente la boca tenue del príncipe azul que las sacara del letargo imposible. Ya las cambiaría la vida, pobrecillas.

Es una de las misiones de una literatura: la de enseñar una esperanza sin esperanza. Mantenía viejas virtudes de honor -¿no escribió él Los cien caballeros de Isabel la Católica? ¿Se llamaba así aquello?-, una idea de la madre y maestra, de la amante comedida. Era de derechas. .

Vuelve ahora lo que se llama el romanticismo. Aparecen con cierta velocidad en los quioscos colecciones del corazón: será una literatura para tiempos de crisis. Quizá vayan a volver también las menestralas, la pobre chica que tiene que servir. Esperemos que no. Se glorifica a Corín Tellado, sucesora de Pérez y Pérez: los grandes escrito res van a verla a su casa de Gijón y escriben ensayos sobre ella. Pérez y Pérez no tuvo esa suerte.

La gente de letras no se digna ron le considerarle nunca como de los. suyos, probablemente porque vendía mil veces más de ejempla res que ellos. Y, sin embargo, le leyeron las flappers de Nueva York: en la literatura personajes de Scott Fitzgerald, pero en la vida lectoras de los personajes de Rafael Pérez y Pérez...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de abril de 1984