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CARTAS AL DIRECTOR

Réplica a Olarra

San Sebastián (Guipúzcoa).

La Prensa del domingo 15 de enero nos trae unas estremecedoras y gravísimas declaraciones del empresario vizcaíno Luis Olarra -industrial, por fortuna, raro y atípico en este noble País Vasco en el que me honro en trabajar, enseñar y vivir-, que, si han sido fielmente recogidas por EL PAIS y El Diario Vasco, así como por la agencia Efe -pues lo contrario sería altamente irresponsable-, incluyen las afirmaciones siguientes:1. "Los atentados de los GAL son una réplica, yo creo que todavia suave, al terrorismo".

2. "Lo de los GAL es complejo. Pienso que puede haber sectores en la sociedad, incluso no solamente aquí, que han entendido que ya está bien, que no se puede seguir viviendo impasible dando la espalda a esa lacra".

3. "Solamente se puede combatir de forma eficaz el terrorismo con sus mismas armas y métodos, todo lo demás son pamplinas" (sic).

Permítanme que replique al señor Olarra con firmeza que "todo lo demás", eso que él califica con desprecio de pamplinas son la humanidad, la ética, el Estado de derecho y la democracia. Si él cree legítimo dejarse contagiar de esas armas y métodos, millones de españoles creemos exactamente lo contrario y lucharemos firmemente en dos frentes opuestos para inipedir que sea así. Porque son precisamente las armas y métodos que emplean, en un Estado democrático, lo que convierte a los terroristas en terroristas y detestables y en modo alguno sus objetivos e ideales, que si fueran defendidos con métodos humanos y legítmos -democráticos-, serían tan respetables como pudieran serlo otros distintos y aun opuestos.

Por tanto, lo que usted acaba de hacer es una clara, inequívoca y corruptora apología de ese terrorismo, blanco o azul, que, practico desde el propio Estado en la época franquista o desde las fuerzas nuevas o empresariados nuevos en la actual, ha servido y sigue sirviendo -además de ser intrínsecamente delictivo y antisocial por sí mismo- de pretexto, coartada y acicate a la pervivencia empecinada de ese otro calificado de rojo -pero, en cuanto a los métodos, tan fascista como los anterioresy quitando toda fuerza moral tanto a sus autores y apologistas como a quienes tengamos la debilidad de avalarlo con nuestra cobardía, pasividad o silencio./

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de enero de 1984