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Tribuna:

La policía y el error del PSOE

En un año de gobierno socialista, la política hacia la policía ha sido negativa, según el autor de este trabajo, lo cual está en contradicción con el propio programa electoral con el que el PSOE ganó las' elecciones. En su opinión, los policías han conectado mayoritariamente con aquel programa, y es evidente que han sido el partido socialista y el Gobierno los que han incumplido -o no han cumplido- sus promesas.A la vista del reciente e inacabado conflicto de la policía con el Ministerio del Interior surgen inmediatamente tres preguntas: ¿Por qué se produce?, ¿cuál es el fondo del mismo? y ¿qué solución tiene?

En el programa electoral de los socialistas se vislumbraba claramente la influencia de la doctrina de la Unión Sindical de Policías (USP), sindicato progresista y en vanguardia de la adaptación de la policía al sistema democrático (no se puede olvidar que el primer comunicado público llamando a la defensa de la Constitución el 23-F fue el de la USP); sin embargo, y a pesar de que el PSOE promete una policía civil, democrática y unificada, más participación de los policías en los asuntos que les afectan, regulación legislativa de las normas de actuación, actualización de sus percepciones económicas, desarrollo de la participación sindical, etcétera, lo cierto es que en un año de gobierno socialista los análisis no pueden ser más negativos: a gran parte de los policías más demócratas no sólo se les margina, sino que es a los que más expedientes administrativos se somete y se da el control policial a quienes han demostrado su eficacia en el pasado (la relación de admitidos por puntuación para el pasado curso de comisarios lo acredita); la ley de Unificación del Cuerpo Superior y Policía Nacional no llega, y por lo que dice el propio presidente, el futuro cuerpo será Instituto Civil Armado, lo que supone una militarización solapada de toda la policía; la ley de 4 de diciembre de 1978, de carácter marcadamente progresista, es sistemáticamente incumplida; no se ha actualizado el Reglamento Orgánico de 1975, donde aún se sanciona como falta muy grave no acatar los Principios Fundamentales del Movimiento; la arbitrariedad sigue imperando en los dirigentes policiales; es nula la participación de los policías en las juntas de seguridad y de personal, etcétera.

En cuanto a la Guardia Civil, claramente anclada en nuestro pasado, reciente y menos próximo, no se cansa el Gobierno socialista de adularla y de ir acumulándole competencias, en algunos casos claramente contra la ley de 1978 y en detrimento de las funciones de la policía con enfrentamientos y conflictos de atribuciones territoriales y funcionales; sin embargo, no se ven pasos hacia su desmilitarización o hacia su total dependencia del Ministerio del Interior; su director general sigue siendo un teniente general del Ejército; ¿se controla su Estado Mayor?; en fin, su autonomía, se quiera o no, sigue siendo total, y su desconexión con la policía civil, aún mayor que en anteriores Gobiernos. ¿Realmente ha conectado el Gobierno socialista con la Guardia Civil como se pretende, o hay algo escondido en" las manifestaciones públicas de entendimiento? La Guardia Civil, sin duda, inquieta más al Gobierno que la policía, y ello por las siguientes razones: tiene mayor número de efectivos; también mayor posibilidad de presión; esta posibilidad está casi personificada y es mucho más difícil su control. Me decía en relación con este cuerpo -por cierto, ¿por qué se llama civil?- hace unos días un responsable en el Ministerio del Interior que cuando le dice a un guardia civil que nadie pase a su gabinete, está seguro de que nadie entra, y con un policía no tiene la seguridad de no ser sorprendido por una visita inesperada. Naturalmente, Id dije que lo que se necesita para eso es una barrera infranqueable, pero ello pone de manifiesto el evidente desconocimiento de una visión general de lo que ha de ser una policía moderna al servicio de la sociedad y con una clara línea de trabajo.

Sin duda, en el conflicto de la policía había un claro olorcíllo verde.

Demanda de diálogo

En el orden económico ha de significarse que el poder adquisitivo del salario de los policías ha descendido escandalosamente: las subidas salariales son negociadas por los sindicatos a los que no se permite pertenecer a los policías y en condiciones de desamparo, naturalmente, sin poder hacer oír su voz; no se hacen efectivas deudas atrasadas y de cantidades importantes con sentencia judicial favorable, recurriéndose a procedimientos nada claros y, desde luego, perjudiciales para el propio Estado, al acumular una gran cantidad de recursos judiciales, etcétera.

En cuanto a la participación sindical, el panorama no puede ser más desalentador: no se han celebrado elecciones sindicales jamás; no existe norma, excepto la Constitución, que obligue a la Administración a oír a los sindicatos policiales y, por tanto, dependen exclusivamente de la buena voluntad del Ministerio del Interior, que mantiene contactos con los sindicatos hasta que éstos resultan molestos, porque piden su campo de actuación y el paso de las buenas palabras a los buenos hechos y se produce lo inevitable: la ruptura. Por otra parte, esta situación se veía venir, ya que, a pesar de que el Cuerpo Superior de Policía es disciplinado, el ministro del Interior sigue hablando de disciplina, 0 ¿es que quiere otra cosa?, ¿obediencia ciega?

Desde el punto de vista personal de quien esto escribe, los policías, con independencia de la tendencia política personal; hemos conectado mayoritariamente con el programa de gobierno de la izquierda política en lo que se refiere a seguridad ciudadana, pero es evidente que por ahora el PSOE no está dando los primeros pasos para, como dice su programa, acometer las reformas necesarias de las estructuras de la seguridad del Estado y de los cuerpos que tienen encomendada dicha misión" y, desde luego, está muy lejos de "reforzar la dependencia de la Guardia Civil del Ministerio del Interior, estudiando una reforma de este cuerpo...". No hay duda de que el PSOE, en lo que se refiere a libertades públicas, tiene ideas claras: el apartado 3 del título primero de la resolución política del 291 congreso lo pone de manifiesto, pero aún no ha encontrado el camino de su plasmación política, y los pasos que se van dando no muestran la luz en ese camino. Por ello, los que lo vivimos, los que queremos una policía mejor, más profesional y al servicio del pueblo, tenemos la obligación de decirle al Gobierno y a su ministro del Interior que se está equivocando; de decirle que, como dicen esas resoluciones, "la libertad se defiende expandiendo la libertad, y ésta y la seguridad son conceptos complementarios" y los policías queremos disfrutar de la libertad. Por ello, la única solución a este conflicto y a cuantos se planteen es lo que pedimos: el diálogo.

es secretario de Administración de la Unión Sindical de Policías (USP).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 1983

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