Gozo y drama en la Filarmónica de Valencia
El piano de Pommier, francés de estilo y estampa, se debe más a la cabeza que a los dedos y atiende más al entendimiento que a la fábrica de las obras. El discurso se sobrepone a la construcción, el discurso lo es todo. Lo cual no conlleva de ningún modo enfriamiento, pero el eros involucrado en el discurso no se demora en gozos sensuales y desata el drama.Ese erotismo dramático al extremo y apenas sensual convierte el hermosísimo opus 120 de Schubert, milagro lírico y preciosa sonata, en un monumento trágico y profundo de primera magnitud.
La bienaventurada fluidez de Haydn, en cambio, es un don del cielo cuando la precisión y la perfección de la factura no empaña la honesta -y delicada degustación. Con Haydn, Pommier dice más de lo que hace. Debussy, por el contrario, tropieza con el erotismo no sensual de Pommier y obtiene una lectura catedralicia que, si rinde con plenitud en los cuerpos corales -Catedral sumergida- o en los espesos remolinos -Lo que ha visto el viento del Oeste-, elude el misterio ritual y orilla el morbo -Delfos o Granada-.
Programa: Sonata en sol mayor, Hob
627, y Sonata en mi bemol mayor, Hob. 628, de J. Hayda, Sonata en la mayor, Op. 120, de F. Schubert, siete preludios, tres estampas para piano y La isla alegre, de C. Debussy.Sociedad Filarmónica de Valencia. 21 de noviembre de 1983.


























































