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El presidente del Gobierno visitará antes de fin de año Atenas, Lisboa,Viena y Roma

En la agenda del presidente del Gobierno, Felipe González, figura, después del debate parlamentario del día 20, una visita a mediados de octubre a Atenas, y otras dos, el mes siguiente, a Viena y Roma, además de la cumbre hispano-portuguesa, prevista en Lisboa para finales del próximo mes, y la hispano-francesa, subsiguiente al Consejo Europeo de los diez jefes de Estado o Gobierno de la CEE, fijado para diciembre.En el clima de euforia diplomática abierto por la clausura de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), los observadores perciben la primera aparición de algunas condiciones favorables para "aumentar el margen de autonomía y frenar la satelización degradante de la acción exterior de España, sin romper equilibrios", como propugnaba en octubre de 1981 el texto de la resolución correspondiente del último congreso del PSOE. Por eso, las conversaciones a dos propiciadas por la desbordante presencia ministerial de estas jornadas madrileñas, giran más acusadamente sobre el horizonte de la distensión para coordinar la posición de ambos países en vista de favorecer ese proceso, mientras las cuestiones puramente bilaterales aguardan turno posterior, salvo en el caso específico de Gibraltar.

Claude Cheysson, ministro francés de Exteriores, y Fernando Morán, su homólogo español, han centrado sus discusiones sobre las perspectivas de la Conferencia de Desarme de Estocolmo y las conversaciones norte americano- soviéticas de Ginebra. Incluso temas tan cadentes como la situación en Centroamérica han sido evocados sólo tangencialmente durante el encuentro franco-español.

Las nuevas circunstancias aconsejan, según medios políticos gubernamentales cercanos a Presidencia, prorrogar el compás de espera respecto la futuro de la permanencia de España en la OTAN, pese a las previsibles acusaciones de. ambigüedad que esa actitud .suscitará en la oposición aliancista y en un sector de los medios informativos. Se trata, en definitiva, de mantener una reserva a la espera de que se verifiquen los síntomas de la distensión y se precisen sus verdaderos alcances, al mismo tiempo que se juega con la baza atlántica en las negociaciones para la incorporación a la Comunidad Europea y para la descolonización de Gibraltar.

Finalmente, en la Moncloa se acepta que el clima de seguridad o de inseguridad que en ese periodo llegue a crearse, como resultado de la incidencia de diversos factores, y especialmente de los medios de comunicación social, será determinante para la actitud final del Gobierno. Algún interlocutor reciente del vicepresidente del Gobierno deducía que Alfonso Guerra no tendría inconveniente en dejarse convencer de la necesidad de que España siga en la Alianza Atlántica, e incluso de que se integre en su organización. militar, a condición de que otros hagan el trabajo de modificar en ese sentido la opinión mayoritaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1983

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