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Tribuna:

Guinea Ecuatotial: la democratización posible

El autor, el hombre que pidió para el dictador Francisco Macías la pena de muerte, aboga por un alineamiento de su país con el Oeste y una democratización de Guinea Ecuatorial protagonizada por los guineanos. Denuncia a un grupo de empresarios españoles que agobian al presidente Teodoro Obiang con negocios tanto mas florecientes cuanto más pútrida es la situación económica" del país.

Guinea Ecuatorial accedió a la economía estatalizada, revolucionaria, popular y comunista" en un abrir y cerrar de ojos. El salto de la independencia al socialismo maciÍsta se produjo no sin sobresaltos y contratiempos, pero sí de forma acelerada, sorpresiva e inesperada para la mayoría de la población. El secreto de que Guinea Ecuatorial se convirtiera en tan corto plazo de tiempo en un país sensible a la influencia del Este duerme con los restos de Macías y reposa, bien seguro, en los archivos de los grandes servicios de espionaje.Especialistas en las grandes cuestiones de la geopolítica nos explican, sobre la cartografía y el colorido de los mapas desplegados, que Guinea Ecuatorial ha evolucionado desde el no alineamiento de la época de Macías, al alineamiento positivo (curiosa y ambigua formulación) de Teodoro Obiang. La nueva etapa se caracteriza por una mayor sensibilidad a las cuestiones del Oeste.

Guinea Ecuatorial, como Estado, como sujeto abstracto, ha evolucionado de la colonia a la independencia, de la independencia al Este, y del Este, en alguna medida, al Oeste. El pueblo guineano, paradójicamente, como sujeto activo de ese Estado, es el único que no ha evolucionado, y si lo ha hecho, ha sido en sentido negativo y conducido por el mal de la regresión. Macías, en 10 años, alcanzó cotas de represión y muerte que a la colonia le llevó 100 años.

El pueblo guineano tiene un contencioso con la geopolítica y los estados mayores que la dictan. Geopolítica que nos ha hecho sufrir mucho a isleños y continentales. Los 10 años de socialismo maciista, que nada tiene que ver con el socialismo observable en los países occidentales, constituyen una experiencia gravosa y dramática como para que nadie en su sano juicio desee repetirla.

De la Constitución de 1968, ciertamente sensata, aunque de difícil traslación a los tiempos que corren por deficiencias considerables, se pasó a la del partido único, constrictiva y retrógrada. De la del partido único evolucionamos a la actual, que de forma tímida esboza una apertura democrática a nuestro juicio importante, y que no se debe menospreciar en aras de la impaciencia, unas veces, y la ambición, las más.

El imposible lujo de la amnesia

Si, como decía Marx, el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, el pueblo guineano, estragado por la experiencia del pasado, no puede permitirse el lujo de la amnesia. Queremos alinearnos con la sabiduría social y política a la que pertenecemos por colonización y cultura. Queremos recuperar los valores de las sociedades libres sin comillas, queremos recuperar los valores de las sociedades democráticas. ¿A qué otra cola podríamos aspirar? ¿En qué otro espejo podríamos mirarnos?

Si para recuperar la libertad, por imperativos de la geopolítica, el pueblo guineano debe alinearse, quede claro que no tenemos dudas metódicas: nos alinearemos con Occidente. El otro alineamiento ya lo conocemos, y, desde nuestra óptica, se trata de un alineamiento que no recomendamos a nadie.

Debemos apurar la tímida voluntad democrática contenida en la Constitución sin aspavientos ni dobleces estratégicas. Como ciudadano guineano, no puedo ocultar mi estupor ante las declaraciones de guerra que algunas personas del exilio han cursado a Teodoro Obiang a través de sus manifestaciones a la Prensa. Sólo la insensatez, el despiste o la mala intención pueden inspirar tanta prepotencia. La opinión pública internacional debe saber que las aspiraciones de los ciudadanos guineanos son humildes y sencillas: queremos resolver nuestros propios problemas sin injerencias ni caciqueos foráneos. La situación trágica que hoy nos asola es un asunto interno, cuya solución compete a los guincanos, y solamente a ellos.

Desconozco quién inspira la mezcla explosiva de libios, saharauis y mercenarios españoles, pero deseo dejar claro que mi posición, si se produjera ese supuesto inadmisible, consistiría en apoyar, sin problemas de conciencia ni rastros de temblor en la decisión, a Teodoro Obiang y a la guardia marroquí. ¿Quién, si no Guinea, ha solicitado la presencia de los marroquíes?.

¿Quién se opone a la democratización de Guinea Ecuatorial? ¿Quién al despegue económico? Conviene hablar claro y sin ambages. Se oponen los núcleos más abyectos del clan de Mongomo, inspiradores de la última intentona golpista, con Venancio Mikó como protagonista, Carmelo Owono, como inspirador, y, según vox pópuli, con la URSS como telón de fondo, más alguna complicidad no desvelada.

Se opone un núcleo de empresarios españoles aláteres y sostenedores de Macías que cercan y agobian hoy a Teodoro con negocios tanto más florecientes cuanto más pútrida es la situación socioeconómica, y actores principales del fiasco de los nuevos empresarios que con ilusión e inquietud se desplazaron a Guinea Ecuatorial. en la nueva etapa. Viejos empresarios, muy influyentes, que sólo se acuerdan de España cuando de detraer dinero se trata, y a los que, cómicamente, en los vericuctos de la Administración española se les trata con excesivas atenciones, a sabiendas de que en la hora de las decisiones se comportan con un celo antiespañol y antiguineano -del que muchos hemos sido testigos- estremecedor.

Se oponen el entorno próximo del presidente, temerosos todos por el descrédito popular que padecen y que la democratización contribuiría a esclarecer. El objetivo de los enemigos de la libertad y la democracia es simple: enturbiar la situación política y económica, deteriorar y debilitar a Teodoro hasta el punto de que el propio Teodoro, impulsado por el posible descrédito acumulado, pueda convertirse en principal obstáculo para la democratización.

Ceremonial de confusión

Dicho lo cual, es obvio que al pueblo guineano se le está sometiendo a un ceremonial de confusión e intoxicación sin otra finalidad que la provocación para justificar la involución, el repliegue de Teodoro sobre su clan y el núcleo de empresarios enemigos de Guinea o, lo que pudiera ser peor, un retroceso en el tiempo hacia una república de corte gadafista impuesta desde fuera. Cuando se dispara contra la línea de flotación del Gobierno de Malabo sin avanzar previamente una solución de recambio, o bien se están ocultando objetivos aviesos o, lo que es igualmente grave, se incurre en una irresponsabilidad peligrosa.

El Tercer Mundo necesita emprender con celeridad el camino de la in stitucionaliz ación democrática. Abrazar la causa de la libertad es condición sine qua non para trazar nuestro futuro. El objetivo son las elecciones generales, limpias y democráticas.

Macías consiguió cambiar las leyes, pero no la razón.

José Luis Jones, fiscal de Francisco Macías, es promotor de la Junta Cívica de Salvación Nacional de Guinea Ecuatorial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de julio de 1983

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