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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Un año de parlamento en Andalucía

El día 21 de junio de 1982 se constituía, en el Salón de Tapices de los Reales Alcázares de Sevilla, el Parlamento de Andalucía. Por primera vez en su historia, los andaluces habían sido convocados a unas elecciones autonómicas y habían elegido su primer Parlamento. Cumplido el primer año de actividad parlamentaria, el autor hace balance del trabajo realizado.

Dejando a un lado las dificultades materiales (escasez de medios económicos, carencia de una sede propia del Parlamento y de sus servicios, etcétera), el Parlamento de Andalucía, desde el primer momento, ha tenido que darse a conocer, que presentarse al andaluz medio, afirmando su identidad y sus cometidos, diferentes de los del Consejo de Gobierno. Esto requiere una breve explicación: para todos los andaluces, la autonomía se concreta en la Junta de Andalucía, pero dentro de ella no perciben ni distinguen entre Parlamento y Consejo de Gobierno. Esta opinión generalizada, avalada por los cuatro años de régimen preautonónlico, tiene que modificarse, y de hecho en este último año se han realizado grandes esfuerzos para que el hombre de la calle sepa qué es el Parlamento, cuáles son sus funciones, qué cometidos cumple y en qué se diferencia del Consejo de Gobierno. De todas formas, es ésta una tarea que requiere tiempo y que debe tener un carácter educativo, tarea en la que tanto parlamentarios como informadores tienen mucho que decir.En definitiva, se trata de que el ciudadano perciba y comprenda que el centro de la vida política andaluza es el Parlamento, como ocurre en todos los sistemas de democracia parlamentaria, sin olvidar por ello que el Gobierno y la Administración de la comunidad autónoma corresponden al presidente de la Junta y al Consejo de Gobierno.

También se ha señalado, desde distintos puntos de vista, como pretendido inconveniente o defecto de la cámara andaluza, la distribución de sus escaños entre los grupos políticos que alcanzaron representación parlamentaria el día 23 de mayo.

Analizado el hecho en sí mismo, objetivamente, hay que concluir que no es bueno ni malo, ni determina negativamente la vida parlamentaria.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que esa desigual distribución de escaños fue la reabnente querida por el pueblo andaluz en unas elecciones libres y democráticas. Y, en segundo lugar, hay que afirmar que los grupos parlamentarios de la oposición, por minoritarios que sean, tienen los suficientes cauces reglamentarios para controlar, criticar y fiscalizar la acción del Consejo de Gobierno. Y la práctica parlamentaria en nuestra cámara así lo confirma, asumiendo los grupos parlamentarios el axioma de que desde la oposición también se gobierna o, por lo menos, se contribuye a gobernar mejor.

En este primer año de existencia, el Parlamento de Andalucía ha desarrollado una gran actividad, como lo demuestran los siguientes datos: se han presentado 16 proyectos de ley, 4 proposiciones de ley, 16 proposiciones no de ley, 13 interpelaciones, 6 mociones y 152 preguntas de todo tipo.

Reflejo de la realidad

Pero lo verdaderamente importante es que la actividad parlamentaria ha sabido reflejar la realidad y la vida andaluzas, sus problemas y sus preocupaciones.

Así, temas como el empleo comunitario, la crisis económica, el medio ambiente, la agricultura, la pesca, la sequía, la educación y la situación sanitaria han sido objeto de debates generales o de tratamientos concretos. Por ejemplo, la incautación de Rumasa y sus consecuencias para Andalucía han tenido un tratamiento pormenorizado en varios Plenos, así como el affaire de la Caja Rural de Jaén hizo que se creara una comisión especial de investigación.

La iniciativa legislativa del Consejo de Gobierno ha mostrado también una especial sensibilidad hacia aquellos problemas que más preocupan a los andaluces. Del total de proyectos de ley remitidos -unos, ya convertidos en ley; otros, en fase de tramitación- se pueden hacer dos grupos: unos tienen un marcado carácter jurídico, organizativo o superestructural, como son la ley de Organización Territorial, la del Gobierno y la Administración, etcétera. Otros, por el contrario, han tenido un profundo contenido socioeconómico, como el Plan Extraordinario de Inversiones, dirigido a aquellas zonas o comarcas más pobres de Andalucía; la creación del Instituto para la Promoción Industrial de Andalucía (IPIA); la creación del Consejo Andaluz de Relaciones Laborales, como organismo de concertación y mediación en la conflictividad laboral. Y lo mismo podría decirse claramente de las demás iniciativas parlamentarias.

Balance positivo

Todos estos datos vienen a constatar un hecho importantísimo: la Andalucía real, con sus inquietudes, con sus problemas y necesidades, ha estado presente en la cámara y en sus debates. Tanto el Consejo de Gobierno como los grupos parlamentarios o los diputados, a título personal, han sabido llevar a los debates parlamentarios las preocupaciones y sentimientos de los andaluces. Todos los grupos parlamentarios han reconocido públicamente el balance positivo de este primer año. Y si bien todos debemos sentirnos satisfechos, también todos estamos convencidos de que el trabajo parlamentario alcanzará mayores cotas de brillantez y eficacia. Cuando el Parlamento tenga su sede definitiva y sus servicios administrativos a pleno rendimiento, podremos hacer un trabajo mucho mejor en bien de Andalucía y de los andaluces. Hasta aquí, a pesar de las dificultades e incomodidades, de la precariedad de medios y de la falta de precedentes y experiencias, hemos hecho un trabajo digno y eficaz que el pueblo andaluz juzgará en su día.

es presidente del Parlamento de Andalucía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de junio de 1983