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REVISTA DE PRENSA

La agresión a Verstrynge

No vamos a explicar por qué condenamos el atentado contra el señor Verstrynge, porque las razones son obvias y porque una condenación nos parece poco junto a lo que el hecho tiene de síntoma. Que el candidato de la coalición popular a la alcaldía de Madrid haya sido salvajemente agredido en el transcurso de su campaña electoral debe preocupar a todos los que desearíamos un panorama de fecunda concordia ciudadana y vemos cómo ese panorama se ensombrece y cierra de día en día (ahí está la huelga bancaria) a ciencia y paciencia de las autoridades.No somos alarmistas; no quisiéramos decir una sola palabra más alta de lo indispensable ni poner la menor estridencia injustificada en nuestra protesta, pero es inevitable que al comentar la agresión al señor Verstrynge veamos más allá de los bárbaros que la han protagonizado y recordemos las sangrantes imágenes habituales que, rebasando la caricatura que puede autorizar la leal rivalidad política, caen de lleno en el campo de lo penal; las descalificaciones ininterrumpidamente reiteradas con análogas características, las acusaciones de golpismo y nazifascismo, los fáciles dicterios que, como en los lanzados contra el señor Fraga, nos retrotraen a lamentables vetos de nuestra historia con los que se consiguió arrojar a una fuerza política respetable fuera del juego normal de los partidos y del puesto que le correspondía por la opinión que la respaldaba.

Quiérase o no, todo ello ha creado un clima, y que ese clima produzca hechos como el que deploramos no debe extrañar. Lo sorprendente sería que no se produjeran.

4 de mayo

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983