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Editorial:

Crisis en Italia

DESPUÉS DEL discurso de Bettino Craxi ante el Comité Central del Partido Socialista italiano anunciando que retiraba su apoyo al Gobierno se ha abierto una nueva crisis en Italia. Faltan aún los trámites formales, pero Fanfani no puede continuar, y con toda probabilidad el Parlamento será disuelto y se celebrarán elecciones en junio. El propio presidente Pertini, tenaz hasta ahora en su negativa a una disolución anticipada, ha reconocido que esta vez era inevitable.¿Será esta crisis una más de las muchas que ha conocido Italia en los últimos años? Hasta ahora, y por la forma en que ha estallado, se observan ciertas diferencias: es una crisis más fría, promovida a cara descubierta por el PSI, y con unos objetivos políticos bastante claros. Independientemente de los resultados que salgan de las urnas, todo indica que esta crisis va a poner a flote factores nuevos que no existían en épocas anteriores.

Conviene recordar que la meta de Craxi desde que ocupa la secretaría general de su partido es desplazar a éste de la situación subordinada con respecto a los grandes partidos, a la que parecía condenado por su escaso peso electoral, en torno al 10-12%. Sin duda los socialistas se han aprovechado al máximo de las ventajas de una posición de bisagra, tanto en el Gobierno del país -en una coalición encabezada por la Democracia Cristiana- como en numerosos gobiernos locales y regionales junto a los comunistas. Pero Craxi, con su eslogan Autonomía socialista, ha representado el rechazo tanto de la hegemonía democristiana, en el Gobierno, como de la comunista, en el campo de la izquierda, y la pretensión audaz a una centralidad socialista. Permanecer ahora en el Gobierno Fanfani significaba, en su opinión, alejarse de sus objetivos; de ahí la lógica de la decisión de provocar elecciones anticipadas.

Por otra parte, el nuevo secretario general de la Democracia Cristiana, De Mita, está realizando un intenso esfuerzo por relanzar un centrismo modernizado; provoca, y aprovecha al máximo, dificultades en administraciones municipales de izquierda, incluso casos de corrupción, como el de Turín. Ante la agravación de la crisis económica, el Gobierno Fanfani ha acentuado su línea conservadora, encaminada a contener la inflación, superior ya al 16%, sobre la base de bloquear el coste del trabajo y de reducir los gastos en servicios sociales. Cortar este nuevo dinamismo centrista representado por De Mita es sin duda uno de los motivos de la decisión socialista.

Las próximas elecciones van a aparecer, en gran parte, como un duelo Craxi-De Mita, lo que representa un éxito, al menos de imagen, para el primero, si se recuerda que en Italia el partido comunista obtiene aproximadamente el 30% del voto popular. Para De Mita será su primera prueba seria, y, si hay un retroceso de los votos de la Democracia Cristiana, sufrirá un quebranto personal grave, y los viejos barones del partido Podrían levantar cabeza.

El partido comunista, a diferencia de otras ocasiones, ha adoptado una actitud favorable a las elecciones anticipadas; ello se explica no sólo porque su reciente congreso evidenció un proceso de recuperación, sino porque la actitud del partido socialista, al salir del Gobierno Fanfani, deja obviamente más despejado el camino para una perspectiva de alternativa democrática, aunque sea a un plazo bastante largo. La hipótesis de un retorno comunista al espacio del poder tiene hoy condicionantes nuevos: sectores de la gran industria consideran necesario que se den pasos en ese sentido ante la gravedad de la situación económica, y el propio De Mita ha aceptado, en el terreno de los principios, esa posibilidad, si bien la rechaza por no considerar que esté madura. Pero el problema comunista se plantea en Italia en condiciones muy diferentes al resto de Europa.

Antes de abrirse formalmente la crisis, se perfila ya claramente que la Democracia Cristiana se va a esforzar por exigir a los socialistas una definición previa de la actitud que adoptarán después de los comicios: si seguirán en una coalición centrista o si se inclinarán hacia una fórmula de izquierda. Pero el secretario general socialista quiere presentarse con un futuro abierto, algo indeciso y ambiguo, para convencer a los electores de que un aumento del voto socialista es lo que puede permitir nuevas soluciones a los graves problemas del país.

Quedan aún muchos puntos que irán esclareciéndose en el curso de la preparación de la jornada electoral: por ejemplo, el de si el Partido Radical, que se ha pronunciado enérgicamente contra las elecciones anticipadas, presentará o no candidatos; es un factor que influirá sobre el voto que pueda obtener el partido socialista. Pero el principal interrogante es si este partido logrará, con la opción que ha hecho, acercarse a sus metas: sin duda una de las razones de su deseo de comparecer cuanto antes ante los electores es la convicción de que la marea mediterránea simbolizada por los nombres de Papandreu, Mitterrand, Felipe González y Soares (de cara al Atlántico) tiene que llegar a las costas italianas. Pero la política muchas veces se ríe de la geografía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de abril de 1983