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Crítica:CINE

Hace 10 años

En 1972, el entonces sólo actor Jason Miller estrenó en Broadway esta obra, que obtuvo numerosos premios (el Tony, el Pulitzer, el de los críticos de Nueva York ... ), suficientes para animarle a una adaptación cinematográfica diez años después. En el último festival de Berlín presentaba ya la película Cuando fuimos campeones (Toal Championship season), obteniendo un discreto premio de interpretación para Bruce Dern. El jurado traté, sin duda, de concederle cualquier premio, puesto que tanto el actor agraciado como sus compañeros de reparto hacen idéntico buen trabajo.No podía ser de otra forma. La historia que narra Jason Miller gira en tomo al encuentro de cinco ex campeones de baloncesto sumidos aún en el recuerdo de su única victoria, veinticinco años atrás, en Pensilvania. Estos cinco hombres, tres de los cuales están unidos profesionalmente (un alcalde, su asesor y el rico promotor de su campaña), mantienen viva la tradición de un encuentro anual que les recuerde aquella fugaz historia. Sus contrastes, sus conflictos, su agresividad, son superados alrededor de la imagen del trofeo que aún preside la casa del viejo entrenador. Nada grave les ocurre que no pueda superar aquel triunfo, la felicidad de un día ya muy antiguo.

Cuando fuimos campeones

Guión y dirección: Jason Miller Fotografía: John Baily. Música: Bill Conti. Intérpretes. Robert Mitchum, Bruce Dern, Stacy Keach, Martin Sheen y Paul Sorvino. Drama Norteamericano. 1982.Local de estreno: Cid Campeador

Narrador ortodoxo

Jason Miller, a quien como actor veíamos en España como protagonista de El perro, de Antonio Isasi, realiza su película con la sabiduría de un narrador ortodoxo y, sobre todo, con la colaboración de sus cinco buenos actores; sin ellos, la única situación dramática de toda la obra quedaría disminuida, desvelando con más claridad las limitaciones literarias, el inevitable forzamiento de un texto que habla del fracaso sin desarrollar su posible análisis; que esboza un comentario sobre la vejez sin proponerse una reflexión original; que apunta el reflejo de una generación perdedora sin ahondar en los casos concretos de estos hombres, cuya mezquindad ha sido tratada en el cine con mayor nervio en ocasiones anteriores.Diez años pueden ser bastantes cuando la obra se construyó sobre esquemas coyunturales. Las largas conversaciones que tratan de desvelar lo oculto, que tratan de trascender la apariencia para devolver a cada uno de los personajes su auténtica entidad, presentan ahora su pretenciosidad.

Sólo espléndidos actores pueden matizar lo que entonces no se escribió y hoy sería necesario decir. Los cinco lo logran y en momentos aislados de la película consiguen transmitir una ligera emoción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de abril de 1983

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