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Reportaje:

El premio a 'La colmena' en Berlín reivindica un cine hecho de cara a la realidad española

Berlín
Cuando Jeanne Moreau leyó en el escenario del Zoo Palast los nombres de los directores galardonados con el Oso de Oro, ambos se dirigieron al estrado, pero Mario Camus tuvo que aguardar, según indicaciones de la maestra de ceremonias, a que, el británico Edward Bennett recogiera su estatuilla. Sólo después de ese momento el público repitió la larga ovación con que ya había cerrado la proyección oficial de La colmena, tributando de nuevo a su director el entusiasmo de los bravos que nunca se habían oído con tal sonoridad en el Festival de Berlín.

ENVIADO ESPECIALLos fotógrafos recogieron el encuentro de ambos cineastas, pero no pudieron oír la breve conversación que ambos mantuvieron en el escenario. Consultado luego Mario Camus, explicó a los periodistas que Edward Bennett le había felicitado: "Su película es mejor que la mía", comentario que no pudo traducirse a la inversa, toda vez que el director español llegó a Berlín días después de la proyección de la discutida Belfast 1920.

Aunque no es la primera vez que el festival berlinés premia a la filmografia española, sí ha sido ésta la única ocasión en que la promoción de la película a concurso ha tenido una dignidad similar a la que es habitual a otros países; incluso, como ya hemos señalado en comentarios anteriores, este año ha sido superior No es éste, obviamente, un medio que convenza al jurado de los méritos propios de La colmena, ni disminuya éstos a los ojos del público, pero sí es capaz de alertar sobre la existencia de la película y provocar una expectación que en ningún caso es perjudicial. He aquí una excelente lección dada por la nueva Dirección General de Cine, que debe ser prolongada en los sucesivos festivales del año.

Lo que resulta curioso de la observación de las distintas películas españolas premiadas en Berlín en los últimos años -La caza, Camada negra, Las truchas, Deprisa, deprisa- es que en ningún caso se trataba de películas realizadas a espaldas de la realidad española, intentando imitar la estética de producciones foráneas. Podría deducirse, por tanto, que lo que más interesa en el exterior es precisamente lo que más nos interesa a los españoles. La colmena se sitúa en el ambiente de nuestra peculiar posguerra, tan intraducible a las posguerras de los dernás países europeos; ello hacía temer a algunos españoles que los críticos extranjeros no serían capaces de percibir sus matices o su intención última. La contundencia del premio obtenido debe eliminar tales miedos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 1983