Barcelona, madre
Volveremos a ti, Barcelona, ciudad madre entre todas, ahora que las nieves del último invierno te han vuelto a bendecir como en el 62, el año de Esplendor en la yerba, de Juliette Greco sonando, tardía, en nuestros tocadiscos adolescentes, del recuerdo de James Dean y las esquinas todavía vírgenes del Ensanche contempladas sin sorpresa, con la ingenua vanidad de quien cree que el presente es inmarcesible.Volveremos a ti ahora que puedes volver a salir de tu escogido adobo, de tus silencios de urbe desconcertada ante el cariz que va tomando la vida. De tu tenue hedor a hamburguesa y asfalto; del calor pegajoso al mediodía, ese en el que parece derretirse el seny y echar una cana al aire la presunta rauxa, a la que hemos visto pasear al caer la noche por la rambla de las Flores; de tu espeso aroma recocido en bruma y sirena de barrio portuario, con la densidad de un chocolate de niebla y barahúnda.
Siempre fuiste terriblemente orgullosa, disfrazando tu inseguridad, tus complejos de vieja dama que prefiere exhibir el rencor y esconder la ternura, que elige vestirse con andrajos de frecuentadora del Liceo a reconocerse, lisa y llana, en el percal de los que tienen poco y por eso no temen pedir mucho.
Te he visto, en mis últimas visitas, sembrada por el tedio de Cajas de Ahorros instaladas donde antes había bellas farmacias, ilustradas boticas, tibias panaderías con ancianos que sirven el género mientras el caliqueño pende de sus labios. He visto cómo los toldos de las golondrinas abandonaban el azul marino y blanco acolchonado para convertirse en anuncios de entidades bancarias.
Y, sin embargo, bien sé que sólo has estado dormida, y que el baño de nieve te ha empapado las sienes devolviéndote la ilusión, el sentido. Resurgirás de nuevo brotando de tu orgullo, como ha ocurrido siempre, y volverás a ser la Barcelona de Wagner, la de Bella Dorita, la de Josep Maria de Sagarra y la mía, que bailaba en el Cádiz y comía churros en el chiringuito del parque, la que es madre -no madrastra- para quienes nacimos de ti o recalamos en tu único, hospitalario puerto.
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