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Entrevista:

Raymond Aubrac: "Así me torturó Klaus Barbie"

Un antiguo miembro de la Resistencia francesa relata en esta entrevista la persecución a que fue sometido por el criminal de guerra nazi

Una semana después de su expulsión de Bolivia y de su encarcelamiento en el fuerte de Montluc, en Lyon, Klaus Barbie, el responsable de la Gestapo nazi que participó, hace cuarenta años, de manera preponderante en la exterminación de 600.000 franceses durante la Resistencia, continúa protagonizando la vida de este país en espera de su histórico proceso, que se celebrará dentro de un año aproximadamente. El 81% de los ciudadanos de la Francia de 1983 estiman que el Gobierno socialista ha hecho lo que debía reclamando a Barbie y que el apodado Carnicero de Lyon debe ser condenado.

Barbie: el retorno de los fantasmas; Barbie: el horror resucitado; Barbie, en Francia: muchos tiemblan ya; El tribunal de la historia; Klaus Barbie: 4.000 muertos y 7.500 deportados; Amenazas de muerte contra el abogado defensor de Barbie, y así cientos de titulares en toda la Prensa desde que, el pasado día 5, un avión militar francés depositó a Barbie en el fuerte de Montluc.

La Francia que informa no descansa, y los lectores, o telespectadores, o radioyentes tampoco. Los títulos de la historia de la Resistencia, los libros sobre el nazismo las reacciones de los que vivieron 9 han imaginado después la ocupación francesa por los nazis de Hitler, las conversaciones de todas las horas del día han vuelto a ocupar a este país. Los periódicos publican anuncios en los que se "buscan antiguos camaradas de fulano de tal, muerto en la deportación". El semanario Paris-Match, por el mismo procedimiento, hace saber que "compra los derechos de fotos o de testimonios sobre la ocupación". Más de diez organizaciones o personas privadas ejercitarán lo que en castellano se denomina la acción popular presentando denuncias contra Barbie.

La ocupación. Barbie. Junio de 1943. Lyon, considerada como capital de la Resistencia. Y Jean Moulin, héroe nacional de aquella página trágica de la historia, detenido en Lyon en el momento crucial en que el general Charles de Gaulle, desde Londres, había conseguido la unificación de los movimientos que resistían al nazismo en el interior. Raymond Aubrac, 69 años de edad, ingeniero de puentes y caminos, único superviviente de las siete personas que con Jean Moulin fueron detenidas por la Gestapo, con Barbie al frente, en Caliure -una barriada de Lyon-, en una conversación con este periódico rehace el escenario de aquella encrucijada decisiva de la guerra contra Hitler.

'No estábamos armados'

Pregunta. ¿Cómo fue la reunión clandestina decisiva en la que detuvieron a Moulin?Respuesta. Yo había visto a Moulin, es decir, a Max, que era su nombre de guerra, el día anterior. Yo no sabía que Max era M. Nadie conocía la verdadera identidad de sus camaradas. Me dio cita para el día 21 de junio de 1943 en la plaza Carnot, de Lyon. A la hora convenida vino a recogerme con otros tres y llegamos a la reunión, que se celebraba en casa de un médico, Frederic Dugoujon. Nos abrió la sirvienta del doctor y nos introdujo en la consulta, donde había tres enfermos. Como de costumbre, no estábamos armados ni disponíamos de protección alguna. Poco después llegó Barbie al frente de sus soldados y, esposados, nos condujeron a todos a la sede de la Gestapo en Lyon. Nos encerraron en el sótano más tarde y nos trasladaron al fuerte de Montluc, y allí cada uno ocupábamos una celda aislada.

P. ¿Cuándo vio a Moulin por última vez?

R. Dos días después, por pura casualidad. La puerta de las celdas tenía un agujero por donde nos espiaban los vigilantes y por donde los presos también intentábamos ver algo. Mi agujero daba a la escalera, y así fue como oí un ruido extraño, y al mirar vi a Moulin sostenido por dos soldados que lo arrastraban, sangrando.

P. ¿Le torturaron a usted?

R. Sí, dos días después de haber permanecido en la celda. Me condujeron a la Gestapo de Lyon y, esposado, en el despacho de Barbie fui interrogado por él. Barbie giraba en torno a mí constantemente, preguntaba y al mismo tiempo me abofeteaba, me daba patadas o latigazos. A veces repetía la misma pregunta durante largo tiempo. Se veía que lo que le gustaba era pegar. Nunca en mi vida había visto un sádico. Esto duró siete días. Por la noche me llevaban a Montluc y al día siguiente por la mañana me trasladaban al despacho de Barbie, que me recibía en mangas de camisa siempre. Después un tribunal de París, que nunca me juzgó, claro, me condenó a muerte.

P. ¿Cómo consiguió liberarse?

R. No me liberé, sino que me liberaron mis camaradas. Ello fue debido, sobre todo, gracias a mi mujer, que se presentó en la Gestapo de Lyon aparentando que estaba embarazada y afirmando que era la hija de un oficial superior del ejército. Se quejó de que yo la había dejado encinta sin casarme con ella (ya llevábamos dos años casados) y que su padre no la admitía en casa en tal estado y soltera. Afirmó únicamente que deseaba casarse y luego que hicieran lo que quisieran conmigo. Así fue como mi mujer pudo saber el día en que iban a matarme y, con un grupo que dirigía en la Resistencia, esperó en un lugar del trayecto al convoy en el que yo viajaba. Se entabló una batalla a tiros y, felizmente, todos salimos vivos, Yo recibí un balazo disparado por un camarada; me entró por el rostro y salió por detrás de la oreja, pero no fue grave. Cuatro alemanes murieron en el encontronazo.

P. ¿Qué sintió el día que Barbie llegó a Francia?

R. Me impresionó que fuese encarcelado en Montluc. Y me produjo placer.

P. ¿Cuál es la utilidad del proceso de Barbie cuarenta años después?

R. En primer lugar, le diré que yo no busco venganza de ninguna especie. Mi venganza ya la obtuve el día que me liberé. Esa fue mi gran venganza. Pero creo que el proceso debe servir para tres cosas: para comprender mejor él nazismo, para intentar saber quién vendió a Moulin aquel día de junio de 1943 y para saber lo que ha pasado con los nazis que escaparon. Encierra peligros también este proceso, lo sé. La Prensa puede exagerar el aspecto emocional, y no se sabe hasta dónde se puede llegar. Pero pienso que se conocerá un poco más la verdad.

P. ¿Cree usted, como sospechan algunos, que existen pérsonalidades actuales mojadas en el colaboracionismo con Barbie y con el nazismo?

R. No, no lo creo. Hubo colaboración, por debilidad, por interés, sin duda. Y luego hay que ser prudentes frente a Barbie, porque puede decir lo que le dé la gana para defenderse.

'Un día más'

P. ¿Qué le reprocha usted a Barbie?R. No le reprocho que me detuviera. Eran tiempos de guerra y yo combatía contra el nazismo. Pero le recrimino sus métodos.

P. ¿Existe, a su juicio, peligro de resurgimiento del nazismo?

R. No me atrevo a contestarle. No observo nada semejante a las características de aquella época, pero los hombres son siempre los hombres.

P. ¿Entienden las nuevas generaciones lo que fue el nazismo?

R. Es difícil comprender el nazismo sin haberlo vivido. Su conocimiento debe hacer saber a los jóvenes que es necesario desobedecer en un momento determinado, que hay que tomar decisiones.

P. ¿De qué le ha servido el haber escapado a la muerte?

R. Yo tenía que haber muerto el día 21 de junio de 1943. Cada día que ha pasado después es un día más. Esto me ayuda a afrontar los problemas.

P. ¿Le entienden a usted sus hijos?

R. Mis tres hijos no me entienden demasiado. Ahora parece que empiezan a manifestar cierta curiosidad. Los que se interesan más son mis nietos, que ya son ocho.

Entre los resistentes al Barbie que colaboró con la CIA (servicios secretos de Estados Unidos) y fue protegido por los americanos hasta 1950, para después nacionalizarse boliviano, nadie, salvo sus vigilantes, ha conseguido verle desde que retornó a Lyon el sábado pasado. Su personalidad, a los setenta años de edad -a través de las declaraciones que de él se conocen- ofrece la imagen de lo que refieren sus víctimas. En 1979 dijo a la revista alemana Stern que Hitler "era un genio", que no creía en la matanza de seis millones de judíos y que, en todo caso, "me duele cada judío que no maté". Según un informe de la Gestapo de 1948, Barbie reunía las condiciones que siguen: "bueno, disciplinado, situación familiar en orden, amante de la verdad y buen camarada, vivacidad intelectual en buena medida, voluntad y determinación, colaborador celoso y minucioso y ninguna debilidad particular".

Los franceses, por su parte, están satisfechos del desarrollo de la novela policiaca que ha sido el rescate de Barbie: el presidente François Mitterrand, tres de sus ministros importantes, su consejero Régis Debré y el embajador itinerante para América Latina, Antoine Blanca, han participado con las autoridades bolivianas y las alemanas en la operación retorno de Barbie. El 71% de los franceses afirma que seguirá con interés el proceso de Barbie, que ya se espera que sea retransmitido en directo por la televisión. El 56% restablecería la pena de muerte para infligirle esa pena capital.

La que fue la mujer legal de Moulin espera que alguien lo asesine y, a sus 75 años, con sus manifestaciones sentimentales ha desatado una polémica entre quienes sostienen que Moulin nunca volvió a verla desde que se separaron. El hijo de un deportado, que contaba cinco años en 1943, aporreaba el otro día los muros de Montluc y repetía: "Lo único que quiero es mirarlo de frente durante cinco minutos". Simone Veil, ex ministra giscardiana y ex presidenta del Parlamento Europeo, estima que hay que juzgar a Barbie por los "crímenes imprescriptibles contra la humanidad", pero duda de que el proceso sirva para una mejor comprensión del nazismo y teme por las consecuencias del desarrollo del juicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de febrero de 1983